La Cincuentena Pascual

La reforma conciliar de la liturgia ha restituido al tiempo pascual su significado. En las Normas universales sobre el año litúrgico, del 21 de marzo de 1969, se dice que los cincuenta días que van del Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés se celebran con alegría y júbilo, como si se tratara de un único día de fiesta o, mejor aún, de un gran domingo.

El tiempo de Pascua es, pues, la celebración del misterio de la exaltación de Cristo, constituido Señor del universo y cabeza de la humanidad. Es período de plenitud y de profundización en el bautismo recibido o en la fe ya vivida. Es cincuentena hasta Pentecostés, en que predomina la acción del Espíritu. Es tiempo de alegría y de banquete, al que se asiste de pie (no de rodillas), en el que se canta el aleluya y en el que la comunidad se reconoce como misterio de comunión fraternal, realizada por el Espíritu de Jesús en forma de koinonía, es decir, de comunión fraterna. Entre los cristianos, la fiesta de la Pascua se prolonga por espacio de cincuenta días, denominado «tiempo pascual» o «cincuentena pascual», que finaliza con el día de Pentecostés, que es fiesta litúrgica comparable a la Pascua. No es fiesta separada, puesto que corona la Pascua. El último día de los cincuenta, por influjo judío de Pentecostés, tuvo desde el siglo II un relieve particular. Influyó la mística de los números: el cincuenta es consumación, conclusión y sello. La cincuentena pascual es tiempo de plenitud, de alegría y de acción de gracias por los frutos recibidos, y predomina en él la acción del Espíritu.

En estos cincuenta días, la Iglesia pone un especial empeño en que vivamos según la nueva vida que ha empezado a ser realidad en nosotros por la Resurrección del Señor y por nuestro Bautismo. Esta vida se caracteriza, en primer lugar, porque es una vida en el Espíritu y según el Espíritu de Señor. El Espíritu es el Don del Resucitado, el Don de los dones, del que todos los demás proceden. Don, que, por lo mismo, es gratuito, pero que pide ser acogido y correspondido.

Celebremos pues, este Tiempo de Pascua con alegría, en la seguridad de que viviendo de esta manera cumpliremos lo que recomendaba con insistencia Pablo a sus comunidades: “Estad siempre alegres, os lo repito: Estad siempre alegres.” Con ello, agradaremos a Dios y a cuantos nos rodean.

Hoja Parroquial