OÍR misa, SEGUIR la misa, PARTICIPAR en la misa

En el nacimiento del Movimiento Litúrgico se insistió mucho en la necesidad de que los fieles siguieran, sobre todo a través de pequeños misales para el pueblo, lo que el celebrante decía y hacía en el altar. Se insistía en que durante la misa los fieles no hicieran sus oraciones (era una práctica común durante los últimos siglos), sino que siguieran las oraciones del celebrante. Al referirse sobre todo a la misa dominical, los catecismos acostumbraban a decir que uno de los preceptos generales de la Iglesia era que los fieles tenían la obligación de oír misa todos los domingos y fiestas de guardar (precep­to que literalmente resultaba imposible porque el celebrante acostumbraba a celebrar la eucaristía en un altar lejano, casi siempre en voz baja). Era imposible por tanto oír la misa.

 El Movimiento Litúrgico empezó a cambiar esta costumbre. Los fieles continuaron hablando de oír misa, pero seguían lo que hacía el celebrante en sus oraciones. Se empezó luego a hablar de misas dialogadas. En estos diálogos, el pueblo asumía algunas de las partes que le correspondían, sobre todo los cantos del Ordinario que en las misas solemnes correspondían al coro (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei) y también, desgraciadamente, lo que pertenecía a los ministros (preces al pie del altar, Orad, hermanos...). A esta nueva manera de participar también se le llamaba oír misa.

 

Después del Vaticano II se ha empezado a hablar con más propiedad de que los fieles deben participar en la misa. Ello significa que en la celebración hay partes que les corresponden con toda propiedad (los cantos de entrada y comunión, el Gloria, el Credo), pero se continúa hablando de oír misa los domingos. El Código de Derecho Canónico de 1983 ya no habla como el anterior Código de la obligación de oír misa, sino que cambia la expresión oír misa por la frase más exacta «participar en la misa». Pero el voca­bulario popular, con frecuencia, persevera sin cambios y se continúa hablando de oír misa y no de participar en la misa y se reserva la expresión de celebrar no para los que participan, sino exclusivamente para los que presiden o concelebran como ministros la celebración.     

Pedro FARNÉS

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