La Luz del mundo, la Luz de tu vida

Estamos ya en la cuarta semana de la Cuaresma y vamos a vivirla bajo el lema “Jesús es la Luz del mundo; deja que ilumine tu vida y da testimonio de Él”. Durante esta semana, podemos ayudarnos en nuestro camino de conversión meditando sobre el significado, trascendencia y finalidad de nuestro bautismo, ya que se nos ha abierto los ojos y el corazón para que ver la Luz que viene de Dios, que es la que nos hace salir de la ceguera que nos nubla y nos hace ir de tropiezo en tropiezo.

Ya que se nos ha dado esta oportunidad, busquemos la Luz que da sentido a nuestras vidas y no sigamos caminando como ciegos de nacimiento. Porque la conversión sólo se logra si uno reconoce que no ve o que la visión está equivocada. Aprovechemos para meditar y buscar una visión nueva, una Luz Nueva, que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo, el Salvador. Elevados por el Espíritu Santo, los cristianos somos seres iluminados; podremos ver con claridad iluminados por la Luz de la fe para poder distinguir lo verdadero y ser capaces de desenmascarar la mentira del mundo.

 

Por eso, nuestra fe cobra sentido sobretodo cuando reconocemos a Jesús como el Hijo de Dios, el enviado del Padre, así como lo ha reconocido el ciego de nacimiento en el Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma.

Él no se deja impresionar por la exterioridad, porque “no veo aquello que ve el hombre; el hombre ve la apariencia, el Señor ve el corazón”.
Jesús es la Luz del mundo; Jesús es la Resurrección y la Vida para todos los que creen en él. Hoy contemplamos a Cristo que vence la muerte, anticipo del final que anhelamos y que se nos ha prometido. Porque la muerte en Cristo no tendrá la última palabra. La muerte será solamente un paso hacia la Vida en plenitud. Por lo tanto, la Eucaristía –verdadera comunicación de “Vida Eterna” y prenda de Resurrección futura– nos ayudará a vincularnos a Dios como un sarmiento a la vid.

Hoja Parroquial