Nuestra Señora de la Almudena

La ciudad de Madrid honra a su patrona

Es bueno remontarse al pasado para conocer los orígenes y no perder el verdadero camino en el futuro. Celebramos el día 9 de noviembre la fiesta de la Virgen de la Almudena. Su fiesta nos empuja a dirigir la mirada, ayudados por la tradición y por la historia, a un pequeño villorrio visigótico, cuyo nombre ni siquiera ha llegado a nosotros, en el que se veneraba una Imagen, llamada “Santa María de la Vega en su Concepción Admirable”, posiblemente por estar enclavada su pequeña capilla en la ya denominada Cuesta de la Vega. Al producirse la invasión musulmana, los cristianos que le daban amoroso culto resolvieron esconderla por temor a que fuera profanada. Y así lo hicieron.


Pasaron cerca de 400 años. La piel de España cambiaba sucesivamente de color al avance de una Reconquista que habría de durar ocho siglos. Y en Mayo de 1.085, al pasar el rey Alfonso VI por el pequeño poblado al que ya los moros habían dotado de nombre conocido por nosotros (Magerit para ellos; para nosotros, con el devenir de los siglos, Madrid), sus pobladores relataron al rey la historia de aquella Virgen escondida a la que, desde su liberación, venían buscando en vano.


Interesado el rey por dicho relato, hizo un voto solemne: “Si conquistamos Toledo, prometo buscar la Imagen de Santa María de la Vega, hasta que consiga encontrarla”. Toledo cayó naturalmente ante el avance imparable de las tropas de Don Alonso  Sexto. Y en el mes de noviembre, el rey regresó a Magerit, dispuesto a cumplir su voto.


Grandes fueron sus esfuerzos, pero Santa María de la Vega seguía sin aparecer. El rey y todo el pueblo, ante los vanos empeños humanos, recurre a la plegaria. Organiza una procesión en torno a la Almudayna, o fortaleza amurallada de Madrid que hace que  el quieto atardecer se estremezca con el rumor de cánticos y rezos. En su periplo procesional llegan al cubo de la muralla cercano a la Almudayna -o Alcazaba cuando, ¡oh asombro para todos!, unas piedras se derrumban y dejan a la vista de todos, la imagen de la Virgen. María de la Almudena está ahí, es ella, la Santa María de la Vega. La Virgen aparecida es entronizada con todos los honores en el Altar Mayor de la recién cristianizada mezquita.


Pero ya no es Santa María de la Vega. El pueblo le ha adjudicado el nombre del lugar donde estuviera escondida. Y surge “Santa María de la Almudena”. Alfonso VI le añade la realeza, (confirmando con ello únicamente lo que la Madre de Dios, Reina de Cielos y Tierra, tiene “per se”), y ya queda completo el nombre con el que el que la conocemos hoy día: Santa María la Real de la Almudena. Ese nombre que tiene sabor de siglos y perfume de leyenda. Feliz fiesta para todos.
Feliz fiesta para todos.

Hoja Parroquial