Ecos de la visita del Papa a España

El Santo Padre a los pies del Apóstol Santiago


En el viaje que el papa Benedicto XVI hizo el sábado pasado, 6 de noviembre,  a Santiago de Compostela afirmó que esta inquietud suya yace en lo más íntimo del ser del hombre, porque el hombre está siempre en camino en busca de la verdad.


Y por ello venía como peregrino en este Año Santo Compostelano y traía en el corazón el mismo amor a Cristo que movía al Apóstol Pablo a emprender sus viajes, ansiando llegar también a España.  Su deseo era así unirse  a la larga hilera de hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, han llegado a Compostela desde todos los rincones de la Península y de Europa, e incluso del mundo entero, para ponerse a los pies del Apóstol Santiago y dejarse transformar por el testimonio de su fe.

 

Tras el abrazo al apóstol,  mostró su profunda alegría al estar de nuevo en España porque su presencia en ESpaña significaba ir al encuentro de Dios allí donde Él se ha manifestado, allí donde la gracia divina se ha mostrado con particular esplendor y ha producido abundantes frutos de conversión y santidad entre los creyentes como es la tierra española que tantos santos ha dado a la Iglesia.


Y no quiso terminar su estancia sin exhortar a todos los fieles de la Iglesia en España, a vivir iluminados por la verdad de Cristo, confesando la fe con alegría, coherencia y sencillez, en casa, en el trabajo y en el compromiso como ciudadanos; y que la alegría de sentiros hijos queridos de Dios nos lleve también a un amor cada vez más entrañable a la Iglesia, cooperando con ella en su labor de llevar a Cristo a todos los hombres. Pidiendo al Dueño de la mies, para que muchos jóvenes se consagren a esta misión en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada: hoy, como siempre, merece la pena entregarse de por vida a proponer la novedad del Evangelio.

 

“La familia cristiana salvará Europa y la sociedad”

Entre aclamaciones, oración y muchas bendiciones, el pasado 7 de noviembre Su Santidad -el Papa Benedicto XVI- visitó Barcelona y consagró la Sagrada Familia. Durante su estancia, afirmó que ha vivido esta experiencia “como una preparación a la Jornada Mundial de la Juventud y como un camino para seguir fomentando la espiritualidad y el amor a Jesucristo”.


El Pontífice pronunció una homilía directa y valiente, destacando la necesidad de “superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna”. Invitó a “juntos mostrar al mundo el rostro de Dios… Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia”.


En su mensaje, señaló que los progresos técnicos, sociales y culturales deben estar acompañados de los “progresos morales, como la protección y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural”. También lamentó la “apostasía de Europa” y la falta de ideales en muchos jóvenes, pero añadió que “la familia cristiana salvará Europa y la sociedad”.