Firmes en la fe

Concluimos hoy con el tercer tema del lema de esta Jornada. La fe es elemento indispensable para alcanzar lo que necesitamos. Pues para llegar con éxito al final de esta Jornada deberemos afirmarnos es esta virtud.

 

Nuestro Cardenal, don Antonio María Rouco, comenta el significado de “firmes en la fe”, afirmando que ésta “implica el testimonio con toda nuestra vida, que se hace particularmente necesario en momentos de desorientación moral como es el nuestro. El testimonio de la vida es la mejor predicación para atraer a quienes no creen, y a los tibios hacia la verdad de Cristo”. Por ello, “los cristianos tenemos que hacer visible a Cristo en nuestro comportamiento. Esta firmeza de la fe, debe acrecentar nuestro deseo de entender la vida y vivirla conforme al evangelio que nos ha salvado”.


Exhorta a proponer con creatividad modos de vivir la firmeza del testimonio cristiano en una sociedad que sufre tantas debilidades que provienen de corrientes de pensamiento y de actitudes desprovistas de fundamentos morales. “Hemos de afirmar la fe haciéndonos cargo del aire que respiran nuestros contemporáneos y respondiendo a las objeciones teóricas que nacen de algunos esquemas de pensamiento opuestos a los principios evangélicos”, afirma el cardenal. Las jóvenes generaciones necesitan aprender a ser fuertes y firmes en la fe, mediante la catequesis que les eduque a dar razón de la misma y mediante la maduración de la personalidad cristiana que exige el ejercicio de las virtudes basadas en la teología y de las virtudes morales.


Son muchos los ámbitos donde el evangelio tiene que arraigarse y producir frutos de la vida nueva que encierra: la familia y las relaciones sociales, la formación para el amor y el matrimonio, la enseñanza y la educación de las jóvenes generaciones, el cuidado de las vocaciones. En estos tiempos de crisis económica no podemos olvidar el ejercicio cristiano de la solidaridad, especialmente con aquellas personas que sufren con mayor dramatismo el desempleo y la carencia de recursos para llevar una vida digna.


Por eso el plan pastoral de este año tiene más que nunca, como eje el camino marcado por Jesucristo, testimoniado en medio del mundo por la palabra y la acción: Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. Por ello, concluye Rouco invitando a todos los diocesanos a ponerse en camino “con el gozo de saber que el Señor Resucitado nos acompaña en esta empresa. Lo hacemos mirando a la Madre de Cristo y Madre nuestra. Ella acompaña nuestra oración perseverante invocando la luz y la fuerza del Espíritu Santo para preparar la Jornada Mundial de la Juventud”.