Que el hambre no caiga en el olvido

El pasado mes de septiembre tuvo lugar en Nueva York la cumbre organizada por la ONU para revisar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Recordemos que en septiembre del año dos mil los gobernantes y los políticos acordaron imponerse un plazo de quince años para avanzar en determinados objetivos para paliar el hambre en el mundo.

 

En algunas regiones de África, uno de cada siete niños que nacen está condenado a morir antes de los cinco años por deshidratación, diarrea y otros males que en el mundo occidental no son mortales. El Director General de FAO dijo: “Un niño muere cada dieciséis segundos debido a problemas relacionados con la desnutrición”. Es decir; el hambre. Y en lo que queda de año, 925 millones de personas sufrirán hambre crónica y uno de cada seis seres humanos seguirá acostándose cada noche con hambre. Esta situación no es inevitable, ya que tenemos la capacidad de producir alimentos suficientes para todo el planeta. El problema está en el reparto de los bienes.

La crisis del capital que estamos sufriendo, aumentó en 64 millones la indigencia en el planeta. Una crisis que tiene su matriz en la avaricia, el robo, el fraude, las bonificaciones excesivas de los magnates de las grandes corporaciones, las especulaciones irracionales en busca de la riqueza relámpago, en un sistema de papeles donde el dinero se despegó totalmente de la producción.
Paradójicamente, son productores los que ganan menos de un dólar al día. El problema está en quienes fijan los precios y controlan las ganancias, quienes dan no dan créditos, quienes dan apoyo técnico y herramientas al productor campesino. Carece de sentido que aquellos que generan nuestros alimentos pasen hambre.


El Banco Mundial anunció un nuevo paquete de 8.300 millones de dólares para la agricultura, 750.000 millones para la educación y 600 millones para la salud; en total, 9.650 millones de dólares, cuando sólo los 25 principales gerentes de Wall Street se embolsan para su bolsillo anualmente 25.000 millones de dólares.


Debemos tomar conciencia de todo esto para que los objetivos para erradicar la pobreza, priorizar la educación primaria universal, avanzar en la igualdad de géneros, frenar el avance del VIH/sida, avanzar en la reducción de la mortalidad infantil, avanzar a mejorar la salud materna y la sostenibilidad del medio ambiente sean alcanzables… sino en el 2015, en el menor tiempo posible. Y que el hambre, que nosotros no sentimos, no caiga en el olvido.