Retiro de Cuaresma en nuestra Parroquia

Son alrededor de las 10 de la noche del viernes 19 de febrero. Suena el teléfono. Descuelgo y reconozco la voz de Emilio. ¿Qué pasa? –pregunté asustada–. No te asustes, no pasa nada –me tranquilizó– sólo quiero preguntarte si vas a estar mañana  en el Retiro de la parroquia. Si, –contesté.– ¿Quieres hacer la crónica del mismo? –me propuso.– No sé si sabré hacerla, es algo nuevo para mí, –le contesté–. No te preocupes, yo te puedo ayudar, –Me dio confianza.–

Y aquí estoy, haciendo el trabajo encomendado: la crónica de este día de Retiro de Cuaresma del 20 de marzo de 2010, cuyo lema es Si transformamos nuestra vida, cambiaremos la de todos

Todo Retiro tiene un comienzo y un final, una persona que dirige el acto y, por supuesto, unos fieles que quieren pararse un poco para reflexionar sobre el sentido de sus vidas, y estar un rato en presencia del Señor. Este Retiro de hoy no iba a ser menos.

Comenzamos a las 10 de la mañana con la Exposición del Santísimo, seguido de una invocación al Espíritu Santo. Joaquín, nuestro Vicario Parroquial, fue quien dirigió el retiro y quien nos dio unos puntos de reflexión, dejándonos meditar sobre ellos hasta las 12 de la mañana, para pasar después a una puesta en común, y llegar al término del Retiro con la bendición con el Santísimo.

Los puntos de reflexión que nos propuso eran: ¿Cuál es mi pecado? ¿De qué tengo que pedir perdón a Dios? ¿Cuál es mi postura ante la misericordia de Dios, de autosuficiencia o de pecador arrepentido? Para reflexionar sobre ello nos facilitó tres textos bíblicos: Lc 10, 25-37 (Parábola del Buen Samaritano), Lc 15, 11-32 (Parábola del Hijo Pródigo) y Salmo 51 (Miserere).

El lema de esta Cuaresma para este año, transformar nuestras vidas para cambiar la de todos, es una invitación a buscar el origen del mal en nuestro interior y no en lo que nos rodea. Así nos lo asegura Jesús al afirmar: “Nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo. Lo que sale de dentro es lo que contamina al hombre” (Mc 7, 15). Sólo cuando cambiamos nuestras vidas desde dentro y desde una profunda conversión a Cristo, todo lo exterior cambia inmediatamente. Por consiguiente, el camino de esta Cuaresma, es un camino de conversión, donde se nos invita a un cambio y en este camino Dios nos da ocasión para arrepentirnos. Como todo camino también el de la Cuaresma requiere una preparación y por lo tanto un plan que para nosotros nos tiene que llevar a la Pascua de Cristo, este plan es: la oración, la conversión y la solidaridad. Una Cuaresma bien vivida tiene que seguir estos tres pasos para resucitar con Cristo en la Pascua.

Concluido el tiempo de meditación, llegó la hora de la puesta en común. Después de la intervención de varios participantes, llegamos a la conclusión de que la Misericordia de Dios es infinita: más grande de lo que nos podemos imaginar; que Dios nos da las cosas según nuestras capacidades y no nos pide nada a lo que no podamos hacer frente. Dios nos da gratuitamente su Amor.

En cuanto a los fieles a quienes va dirigido el Retiro, siempre me encuentro con un grupo muy reducido, ¡siempre las mismas caras!, y siempre hago el mismo comentario: ¿Dónde están los demás? ¡Siempre somos los mismos!

Pero alguien me dijo: ¡No importa! Lo que importa, aunque sólo sea para una persona, es el entusiasmo con el que se hacen las cosas. Mira a Jesús, nuestro Maestro: también le dejaron sólo, sólo uno le siguió hasta la Cruz y no por eso dejo de cumplir con la voluntad del Padre.