Cristo sigue vivo

Vía Crucis con la Cruz e Icono de la Juventud

El pasado sábado, 20 de febrero, a las cinco y media de la tarde, tuvo lugar el Vía Crucis que estaba programado como acto central de la visita de la Cruz e Icono de Juan Pablo II a nuestra Vicaría, y que estuvo presidido por nuestro Cardenal Arzobispo D. Antonio María Rouco, acompañado de nuestro Vicario Episcopal D. Julio Lozano.

Cuando llegó el Cardenal dio comienzo el acto, que, desde la Plaza de Aluche, recorrió las calles Guareña, Rafael Finat, José de Cadalso, General Romero Basart y General Millán Astray, donde está la Parroquia de Nuestra Señora del Aire, lugar donde se rezó la última estación, la sepultura de Jesús.

El frío intenso no fue óbice para que un nutrido grupo de personas, algunas de nuestra parroquia, acudiera a acompañar a nuestro Salvador en el camino hacia el Gólgota. El viento, que también contribuyó a hacer mas desapacible la tarde, influyó de modo negativo en la megafonía, lo que nos impidió a muchos seguir con fidelidad el transcurrir de las estaciones, pues apenas se podía escuchar el enunciado las mismas, el comentario y la oración que ponía término a cada una de ellas.

Lo que sí se escuchó con bastante claridad fueron algunos testimonios que se dieron, como el de una religiosa que a sus 92 años contaba cómo la llamada de Dios a su vocación, había transformado su vida y daba gloria a Dios por ello.

Otras personas hablaron de cómo tras diversas vicisitudes, a cual más desastrosa, la ayuda de Dios fue decisiva para, entre otras cosas, evitar que una joven consumase lo que todos le sugerían: que se deshiciese de su hijo, mediante el aborto.

Ya en el final del Vía Crucis, un joven, al que la religión le sonaba a “música celestial”, contó, con voz potente y enardecida, cómo una mirada de Juan Pablo II, cuando se reunió con los jóvenes en Cuatro Vientos, y al que fue de forma casual, bastó para que su vida diese un giro radical, y como san Pablo, daba testimonio de que Cristo es el único camino que nos conduce al Padre, lo que levantó un aplauso general de todos los congregados.

Mención especial merece el detalle de la presencia de bastantes sacerdotes que, desafiando el frío intenso, flanqueaban a los participantes en el Vía Crucis, siguiéndolo por las aceras, ofreciendo el sacramento de la reconciliación a quienes lo necesitaran. ¡Feliz iniciativa!

Esto es, a grandes rasgos, lo que vivimos en esta tarde invernal del mes de febrero. Pese a las inclemencias del tiempo, allí estuvimos unos cuantos para dar fe de que Cristo, aun cuando celebramos su pasión y muerte, no ha pasado de moda, porque Resucitó, sigue vivo y continúa atrayendo a muchas personas que no pueden vivir sin Él. ¡Gloria a Dios!

Después del Vía Crucis hubo un concierto-oración en la Parroquia de Ntra. Señora del Aire.