Dame, Señor, tu mirada

Retiro de Cuaresma en la Parroquia

El pasado sábado 16 de febrero tuvimos, como todos los años, el retiro de Cuaresma, que fue impartido por D. Ángel García Torremocha, director de la R.U.E. de los Padres Somascos, quien nos hizo reflexionar sobre el tema “Dame, Señor, tu mirada”.

Ser miradas y mirados para poder mirar…

 

Para poder ver la realidad de forma justa, antes tenemos que sentirnos mirados con ojos limpios, que no desfiguren nuestra imagen.

Acercarse a Dios es acercarse a su mirada. Su mirada no es de vigilancia, de control, sino de cuidado, de atención de vida. En cualquier situación, por difícil que parezca, podemos sentir la mirada recreadora de Dios. Dios nos invita también a mirarnos a nosotros mismos  como nos mira Él.

¿Me pongo, sin prisas, delante de la presencia de Dios, sintiendo su mirada y viviendo de su mirada?

Liberar nuestra mirada…

Todo comienza con ver, con mirar la vida, la realidad. Según miremos la vida, así nos situamos, reaccionamos y nos comprometemos con y ante la misma. Nuestra manera de mirar está muy determinada por los acontecimientos que nos rodean: vivimos cegados por la prisa, por la  seguridad, por la ruti; los diferentes nos resultan extraños. Hemos endurecido de tal manera nuestro corazón que somos insensibles ante la violencia, las guerras, el hambre… Necesitamos que nuestro corazón vuelva a ser sensible ante las situaciones cotidianas de la vida, las cuales nos impiden descubrir la novedad que se nos presenta ante nuestros ojos. Pero esto supone un largo proceso contemplativo que es inseparablemente ascético y místico, íntimo y social, personal y comunitario y así poder escuchar de la boca de Jesús: “Dichosos vuestros ojos porque ven”.

¿De qué tengo que liberar mi mirada?

La mística de ojos abiertos…

Hoy no nos basta con un Dios de catecismo, ni de teología. Necesitamos hacer la presencia de Dios, encontrarnos cara a cara con Él. Y ello en lo cotidiano de nuestra vida, lo que nos lleva a una experiencia de Dios y a ser conscientes de ella. Hay que abrir bien los ojos para percibir esta realidad, porque la última dimensión de lo real está habitada por Dios. El desafío contemplativo es descubrir a Dios en la profundidad de todas las cosas, y a todas las cosas en la profundidad del corazón de Dios.

¿Cómo es, en este momento de mi vida, mi relación con Dios?

Una mirada comprometida…

Sólo se puede contemplar bien lo que se ama. Donde está el corazón, allí se posa la mirada. La realidad se contempla desde dentro de nosotros. Como Jesús, nosotros somos invitados a implicarnos y complicarnos para experimentar cómo crece el Reino de Dios.

Una mirada comprometida no es imposible, ni está fuera del alcance de cualquier persona. Basta levantar la cabeza, contemplar la realidad y ver desde los ojos de Dios…, es la invitación que nos hace el propio Dios y que apunta ya a la Pascua.