¡Vive para Cristo! En el hermano está Cristo

Este quinto domingo de Cuaresma, el Evangelio de “Jesús y la mujer adúltera” (Jn 8, 1-11) nos muestra el amor compasivo de Jesús y su sabiduría salomónica, la primacía del perdón, en contraposición con la ley de los hombres. Pero lo que más pone de relieve es la primacía de la persona humana: su valor está por encima de todo. Es decir, para Jesús las instituciones, los gobiernos y las leyes deben estar al servicio del hombre y de la mujer; y no al revés. Para los judíos ninguna institución había tan sagrada como “el sábado”; sin embargo, Jesús enseñó: “No está hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre” (Mc 2,27). Para los judíos, la adúltera no cuenta como ser humano y su pecado es solamente una buena oportunidad para hacer quedar mal a Jesús. Salomónicamente, Jesús dirá “quien esté sin pecado que tire la primera piedra”. Bastó eso -y lo que Jesús escribía en el suelo-, para que los acusadores se fueran “retirando uno a uno empezando por los más viejos”, como observa Juan. Para nosotros, una de las consecuencias de la primacía de la persona humana, es reconocer siempre su dignidad.

 

Otra de las consecuencias de la primacía de la persona humana, es que nos pide ser comprensivos y tolerantes con nuestros semejantes, en especial con los más desfavorecidos y aceptarlos más allá de sus errores y pecados. Ahora, si queremos imitar a Jesús, tendremos también que quererlos y hacer cuanto podamos para ayudarlos: ¡VIVE PARA CRISTO! EN EL HERMANO ESTÁ CRISTO. Porque “el hombre es la única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo” (GS 24); y por sí mismo la amó Jesús y tenemos que amarla nosotros.

En el caso de la mujer adúltera, es conmovedor el trato que Jesús le da. Meditemos sobre las emotivas y consoladoras palabras que Jesús le dirige, para decírselas a quienes creemos que nos ofenden. Mujer (hombre)…, yo tampoco te condeno. Vete, y en adelante no peques más. Hay que estar siempre dispuestos a perdonar, hasta setenta veces siete, dice el Señor (Mt 18,22). Porque nosotros también necesitamos del perdón de Dios y, muchas veces, del prójimo.  Por eso, el gesto que debemos tratar de llevar a cabo durante esta semana será SERVIR AL PRÓJIMO.