La Divina Misericordia

La fiesta de la Divina Misericordia surge a propuesta de Santa Faustina Kowalska, monja polaca; y el Beato Juan Pablo II estableció que esta fiesta tendrá lugar el segundo domingo de Pascua y su denominación litúrgica oficial será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia». Así, lo que era una devoción privada, muy extendida ya en muchas partes del mundo católico, pasó a ser Fiesta oficial de la Iglesia.

¿En qué consiste, entonces, esta Fiesta de la Divina Misericordia? He aquí lo que dijo Jesús a la monja Santa Faustina Kowalska: “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia. Derramo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas” 

Este mensaje de Misericordia manifiesta que Dios nos Ama – a todos- no importa cuán grande sean nuestros pecados. Él quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza, para que recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros. De tal manera que todos participemos de Su Gozo;

Y que pidiendo la Misericordia de nuestro Señor, confiando en su Misericordia, y viviendo como personas misericordiosas nos podemos asegurar que nunca escucharemos decir "Sus corazones están lejos de mí" sino más bien la hermosa promesa de:

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán Misericordia.

Tener devoción a la Divina Misericordia requiere de una total entrega a Dios como Misericordia. Es una decisión que consiste en confiar completamente en Él, en aceptar su Misericordia con acción de gracias y de ser misericordioso como Él es Misericordioso.

Al papa Francisco tampoco se le ha pasado de largo la proclamación de la misericordia de Dios y nos ha dicho: "La misericordia cambia el mundo, hace al mundo menos frío y más justo. El rostro de Dios es el rostro de la misericordia, que siempre tiene paciencia. [...] Dios nunca se cansa de perdonarnos. El problema es que nosotros nos cansamos de pedirle perdón. ¡No nos cansemos nunca! Él es el padre amoroso que siempre perdona, que tiene misericordia con todos nosotros." 

Algunos aspectos para celebrar apropiadamente esta festividad son: rezar, confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.