Amar y servir

El voluntario entiende la caridad como la realización del amor de Dios

Los voluntarios son un grupo de personas que se acercan a los demás y que ofrecen esperanza al mundo. Y la Iglesia es la cuna para muchos de estos voluntarios que surgen en la sociedad; en la Iglesia fundamentan sus objetivos, su espíritu, sus valores, su carisma. Hay un voluntariado que trabaja con los inmigrantes, un voluntariado que trabaja con los pobres, un voluntariado que trabaja con la iglesia, un voluntariado que trabaja con las misiones, un voluntariado en el mundo de la salud.

Pero,  ¿qué es lo que lleva a alguien a ser voluntario?

La motivación del voluntario es cómo un árbol: puede crecer tan alto según la fuerza de sus raíces. Si las motivaciones son muy superficiales es suficiente un obstáculo, un problema y el árbol cae, porque no tiene raíces. Y para nosotros, cristianos, la principal llamada es la de Jesucristo; “yo voy a la iglesia, pero no es suficiente participar de la misa, debo hacer algo con mi vida, entregarme a los demás, debo estar al lado de los que sufren, como lo estuvo Él”.

El compromiso gratuito y desinteresado de personas que colaboran como voluntarios y voluntarias trata de garantizar la calidad y efectividad de las acciones que se desarrollan a favor de los colectivos excluidos de nuestra sociedad. El voluntario no es la persona que hace, sino principalmente la persona que es. No es sólo la acción voluntaria, sino su motivación y, sobre todo, su impronta, su capacidad transformadora de la realidad. Es mirar a los demás con el mismo amor con que sabe que Dios lo mira a él.

Ser voluntario es entender la vida de una manera distinta, es una forma de ser. Trabajar por la justicia social debe implicar a la persona comprometida en todas las facetas de su vida. Así, una persona voluntaria de Cáritas realiza su servicio a las personas pobres y excluidas de la sociedad en su acción voluntaria, pero también su vida es testimonio de ese compromiso.

El voluntario entiende la caridad como la realización del amor de Dios y el amor, como experiencia profunda de lo humano que se realiza en la justicia y se trasciende en la caridad, motivación fundamental de su acción; se compromete de forma desinteresada y gratuita, y pone sus capacidades y su tiempo libre al servicio de las necesidades de la comunidad; es acogedor con las personas, respetuoso con su libertad individual, despierta en los demás la capacidad de ayudarse a sí mismos; es capaz de establecer una buena relación personal y trabajar en equipo; sabe asumir tareas adecuadas a sus aptitudes, posibilidades y preparación; está dispuesto a actualizar su formación y a modificar sus modelos de acción cuando las circunstancias lo requieren en función de una mayor eficacia en la tarea; es conocedor de la identidad de su acción voluntaria y no contribuye a la inhibición y falta de responsabilidad de otros agentes sociales; es proactivo en su acción educativa y promotor de cambio social, descubriendo, afrontando y denunciando las disfunciones sociales.

Queremos invitarte a ser voluntario en la parroquia. No se requieren amplios conocimientos de ninguna materia, no necesitas vehículo o materiales propios y no hay que conocer más lengua que la del amor; no hay más requisito imprescindible que las ganas de servir y ayudar al prójimo. Si quieres dar este paso, pásate por el despacho parroquial.