Cinco años, un ayer que pasó

Parece que fue ayer cuando llegué a esta parroquia, pero no. Aunque cueste creerlo, he tenido que recurrir a archivos de mi llegada a la parroquia para convencerme a mí mismo de que llevaba cinco años; sabía que llevaba un tiempo considerable, pero no sabía cuántos años porque cuando uno lo pasa bien con su feligresía no está contando los días. Cómo pasa el tiempo, decimos todos. Pero la verdad es que el tiempo pasa de prisa o lento según se encuentre uno. Que haya pasado este tiempo sin darme cuenta, es señal de que he estado a gusto entre vosotros, mis querido parroquianos, que tengo que dejar porque las necesidades pastorales de la diócesis lo han requerido así.

Es verdad que tenemos nuestros afectos, porque cada uno tiene su corazoncito. En cambio, quiero que entendáis que los curas formamos parte de los bienes de que dispone Nuestro Señor Jesucristo para bien de su Iglesia, los cuales nuestros feligreses tienen que saber compartir. Vengo de otras parroquias, hasta ahora he estado entre vosotros y ahora me voy a otra, y creo que todo es para bien de la Iglesia y mi crecimiento personal como sacerdote.

Las despedidas no son buenas, sobre todo si no hay en el horizonte, lejano o próximo, una fecha de vuelta. Por eso no quiero hablar de despedida, tampoco quiero decir como me van diciendo por la calle “¿te vas de la parroquia?”, no me siento que me vaya, sino simplemente que me cambian de parroquia. Porque todos vosotros sois feligreses de la única Iglesia de Dios que peregrina en Madrid y a la que sigo sirviendo en el ministerio sacerdotal, a pesar de mi indignidad, de mis limitaciones y de mis pesares. Por eso no os dejo, porque voy a servir a esta misma Iglesia en otro barrio.

Me voy muy agradecido por el trato, el cariño y la acogida que he recibido entre vosotros durante estos cinco años. Y doy gracias a Dios por todo lo que he aprendido de vosotros.

Y también pido perdón por las veces que no he respondido a las expectativas que esperabais de mí. A todos los que he podido dar mala imagen de la Iglesia de Cristo, perdón.

Y por encima de todo, GRACIAS A CADA UNO DE VOSOTROS POR ESTOS CINCO AÑOS QUE HEMOS CAMINADO JUNTOS EN LA FE.

 Joaquín Abaga, pbro.