La Palabra de Dios en la Familia

Los esposos delante de sus hijos son los primeros comunicadores de la Palabra de Dios

“Si pensamos en la familia de Nazaret, está claro lo que era importante para Jesús, su relación con las Sagradas Escrituras a través de sus padres. María y José oraban juntos, recitando los salmos y las oraciones y el niño Jesús las aprendía. Vivía así el ritmo semanal de la sinagoga, donde escuchaba y meditaba la palabra de Dios, y juntos rezaban en familia.”

Leer la Palabra de Dios en familia significa educarse en la escucha sincera, y descubrir la dimensión propia de la Palabra que es el Silencio Eterno del Padre, donde el Hijo ha sido engendrado.

En la Exhortación Apostólica postsinodal “Verbum Domine”, Benedicto XVI escribe:

“Con el anuncio de la Palabra de Dios, la Iglesia revela a la familia cristiana su verdadera identidad, lo que es y debe ser según el plan de Dios. Por tanto, nunca debemos perder de vista que la Palabra de Dios es el origen del matrimonio (Gn 2,24) y que Jesús mismo ha querido incluir el matrimonio entre la institución de su Reino (Mt 19,4-8), elevándolo a sacramento, inscrito en la naturaleza humana”

Benedicto XVI ha puesto el acento pastoral sobre "La responsabilidad de los padres para con sus hijos.” Pertenece, por eso, a los padres la auténtica paternidad y maternidad, la comunicación y el testimonio del sentido de la vida en Cristo; “a través de la fidelidad y la unidad de vida en familia, los esposos delante de sus hijos son los primeros comunicadores de la Palabra de Dios.”

El anuncio privilegiado de la Palabra de Dios viene de la Eucaristía, que “une la mesa de la Palabra a la mesa del Pan.”

El criterio para ponerse a la escucha de la Palabra es el Amor.

“Dios es Amor: cuanto más amamos, más nos convertimos a Él.”