¿Es que Cristo está dividido?

Del 18 al 25 de enero, millones de creyentes en Cristo de las diferentes comunidades cristianas rezarán para que sus divisiones puedan superarse, con ocasión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que en este año lleva por lema una pregunta planteada por san Pablo: ¿Es que Cristo está dividido? De fondo, el posible acercamiento histórico entre el Patriarca ortodoxo de Moscú y el Papa, y las propias divisiones entre los ortodoxos, que amenazan la deseada unidad en torno al primado del obispo de Roma.

Uno de los escándalos más grandes de la historia del cristianismo son los cismas, que en sus dos mil años de Historia han dado origen a la división entre las diferentes confesiones cristianas. El más importante fue el Gran Cisma, que hace casi mil años, en 1054, llevó a las excomuniones mutuas entre el Patriarca ecuménico de Constantinopla y el Papa, formalizando la división entre católicos y ortodoxos.

El Gran Cisma surgió por diferentes divergencias entre las Iglesias de Oriente y Roma, sobre la manera de ejercer la autoridad espiritual del obispo de Roma y sucesor de san Pedro. De hecho, entre católicos y ortodoxos no hay diferencias teológicas capaces de justificar la división. Por eso, en estos momentos, ortodoxos y católicos están trabajando para tratar de superar este cisma afrontando precisamente su causa: el primado del Papa.

Para lograr este objetivo hay una etapa que podría ser histórica. El Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Su Santidad Bartolomé, se han dado cita en Jerusalén, con motivo de la peregrinación que el obispo de Roma realizará a Tierra Santa del 24 al 26 de mayo, para revivir el abrazo que en la Ciudad Santa se intercambiaron sus predecesores hace 50 años, Pablo VI y el Patriarca Atenágoras.

En aquella ocasión, los dos máximos representantes del catolicismo y de la ortodoxia levantaron las mutuas excomuniones que habían dado origen al Gran Cisma. Aquel gesto supuso una especie de liberación psicológica para promover momentos de encuentro y diálogo, con el objetivo de superar las divisiones, pero los motivos de la división siguieron en pie.

Un año más celebramos el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, como una clara expresión de anhelo ecuménico que tanto impulsó el concilio Vaticano II. Es bueno concienciarnos  y responsabilizarnos de que el restablecimiento de la unión corresponde a todos los cristianos, a los fieles, a los pastores, en definitiva a cada uno de nosotros  según su propio valor en su vida cristiana diaria. Recemos por la unidad.