Infancia Misionera 2014

Los niños ayudan a los niños

Con este lema comenzó esta hermosa revolución solidaria porque, por primera vez, los pequeños actuaban en la Iglesia como protagonistas humildes, sencillos, pero también creativos y valientes:

“Los niños…  Hablamos de niños y niñas que de alguna manera entienden el compromiso de la solidaridad sin fronteras.

ayudan   Los niños son capaces de entender que lo que tienen lo han recibido gratuitamente y que están llamados a compartirlo con los demás.

a los niños” Éste es el carisma de Infancia Misionera: promover una corriente de solidaridad con los niños más necesitados.

El pasado 9 de mayo de 2013 se cumplían 170 años del inicio de una hermosa historia. El obispo Carlos Augusto Forbin Janson (1785-1844), tenía gran amistad con algunos de los misioneros franceses en China, y él mismo deseaba partir hacia el continente asiático, pero Dios tenía otros planes para canalizar su vocación misionera. Monseñor Forbin Janson conocía de primera mano las dificultades de muchos niños de aquel país para poder sobrevivir; de modo especial, le entristecía profundamente que miles de estas criaturas murieran sin el bautismo. Siguiendo el ejemplo y la palabra de Jesús, acudió a los más débiles y a los menos poderosos, a los niños y niñas de su diócesis: “¿Queréis ayudarme a salvar a los niños y niñas de China?”. La respuesta no se hizo esperar. Todos se comprometieron a apoyarle con un avemaría diaria y una limosna mensual. Desde entonces, millones de niños se han sumado a esta corriente de solidaridad. Así nació la que hoy llamamos Obra Pontificia de la Infancia Misionera y que durante muchos años fue conocida como Santa Infancia.

 

Los pequeños, que eran considerados beneficiarios de la misión y destinatarios del anuncio, de pronto y de manera imprevista, se convirtieron en protagonistas convencidos y determinados. Desde los primeros meses de la fundación, la comunidad cristiana tomó conciencia de la fuerza misionera de los niños, en los cuales se manifestaba una presencia particular del Espíritu. El protagonismo misionero de los niños fue, efectivamente, un punto sin vuelta atrás en la historia de la Iglesia. En la Antigua Alianza del pueblo de Dios, a los pequeños nunca les había sido confiado un papel de responsabilidad pastoral. A partir de la Nueva Alianza con Jesucristo, el niño se ha convertido en el punto de partida y de llegada del nuevo Reino. Muy a menudo, el Reino que Jesús describe en las parábolas evangélicas se compara a algo muy pequeño que llegará a ser muy grande: la semilla de mostaza, el grano de trigo, una pizca de levadura.

Con el impulso de la oración y con las aportaciones recibidas, Infancia Misionera podrá seguir atendiendo a muchos niños y niñas del mundo en sus necesidades más perentorias. Obras Misionales Pontificias da las gracias a todos por anticipado, ya que tiene la esperanza y la certeza de que esta Jornada de Infancia Misionera será de nuevo una manifestación de caridad con aquellos en quienes se nos muestra el rostro de Jesús.