El día de la Madre a ejemplo de María

Este domingo celebramos el día de la madre, que no es solamente una ocasión para ofrecer un regalo o un detalle de cariño, sino que también es una ocasión para reconocer nosotros, como Iglesia, lo importante que es la madre para la sociedad.

 

Recordemos a la madre ejemplar de todos nosotros, la Virgen María, quien llevó en su vientre purísimo durante nueve meses al Hijo de Dios. En ese tiempo surge en Ella un amor sin límite a ese Niño, Jesús, que será infante, joven, y finalmente Hijo suyo en la cruz. Por eso las mamás deben ser el ejemplo y el recuerdo de esa Madre de Dios. Las mamás nos han llevado en su vientre durante nueve meses en que ya su amor, nos acompañaba. Y en María pueden ver el mejor ejemplo de amor puro y desinteresado.

El ser madre es de suma categoría cuando la maternidad se asume con responsabilidad. Por eso Jesús escucha ese piropo que le dicen de María: «bendita la madre que te trajo al mundo». Esos piropos de amor en la época de Jesús son los mismos que hoy también les decimos a nuestras madres, ¡benditas mamás!, que han sabido cumplir el rol a veces difícil, a veces sacrificado, de ser madres, ese rol de educar a sus hijos. Una educación que supone cariño y ternura.

Dicen los médicos que los bebés ya reconocen la voz de su madre cuando están en el vientre. Ya empieza un cariño. Por eso cuando hoy celebramos este día de la madre no queremos solamente hablar de regalos, queremos hablar de María, de la Virgen, queremos hablar de las mamás a ejemplo de María; queremos hablar de los hijos, para que sepan querer mejor a sus madres, no sólo de palabra, sino con actos.

La mujer es más fuerte que el hombre. Tiene los mismos derechos, los mismos deberes, la misma dignidad, pero además tiene un toque especial, la feminidad, la ternura, el cariño, la agudeza, ese ser mujer, que las hace ser diferentes -ni mejores ni peores- algo que las hace que estén orgullosas de ser mujeres, el ser madres.

El Papa Juan Pablo II, que era un ferviente defensor de la maternidad,  la familia y los hijos como los grandes valores de nuestra sociedad, decía del papel de María, de la mujer y de la esposa: “afirmamos que la mujer es la que recibe amor para amar a su vez”. Son las que sostienen el hogar y, en muchos casos, son las responsables de la unión de la familia; son el “pegamento” de la sociedad. Por eso, debemos trabajar, esforzarnos y orar por la unión de las familias como futuro para nuestra sociedad.