La Ascensión del Señor, símbolo de Esperanza

Convenía que Jesús se fuese para recibir la Fuerza que viene de lo Alto

Jesús Ascendió al Cielo, hacia el Padre, después de haber cumplido su misión en la tierra. Ha vivido haciendo el bien; ahora que se le viene encima la hora, deja claro que la razón de su tránsito del mundo al Padre coincide con su razón de vivir. Los discípulos estarán donde está el Maestro si andan por el camino de liberalidad abnegada. Muere Jesús así como ha vivido, amando eficazmente. Entrega el espíritu, desvelando la anchura y longitud, la altura y profundidad, la grandeza y preeminencia de su amor. Ama con la fuerza de sus brazos extendidos en la cruz y de sus manos y pies clavados a ella y con el sudor sangriento de su frente. Él no hace nada por su cuenta, sino que habla como su Padre le enseña. Por la misma razón, se le ha dado todo poder celestial y terrenal.

 

Convenía que Jesús se fuese, porque su partida da paso a que recibamos el máximo regalo, la fuerza para dar testimonio: el Espíritu Santo. Porque sin el Espíritu no tenemos a nadie que nos despierte del estupor, nos haga percibir la presencia de Jesús, nos defienda, nos recuerde todas las instrucciones de Jesús, nos guíe a la verdad plena, nos espabile y abra el oído para que comprendamos y aceptemos incluso las enseñanzas duras.

Sí, la salvación, al igual que la realización personal, está en la muerte de Jesús, que significa dependencia total de Dios y solidaridad inquebrantable con los desvalidos. Así lo expresa san Vicente de Paúl: «No podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia y en una renuncia actual a nosotros mismos, para seguir a Jesucristo» (III 359).

Los que son de Jesús se fían de Dios absolutamente de Dios. Por eso, no les gusta la autocomplacencia. Tampoco toman ninguna limitación por obstáculo, ni aun la edad, e incluso, a causa de su celo, se sienten mal por no poder ayudar a otros necesitados que les esperan en otros lugares. Entregan todo, incluso su vida. Ven a Jesús en los pobres como en un espejo; luego conocerán, plenamente y en éxtasis, cómo son conocidos.