¡DESPIERTA!

Primer domingo de Adviento

Hoy iniciamos un camino de transformación, en el que vamos a buscar en nuestro interior la Luz de Dios para llevarla al mundo. Para ello, vamos a despertar a Su mensaje, que nos muestra el camino a seguir. Escuchando con atención, podremos sentir su presencia, vamos a observarle, a abrirle nuestro corazón para que entre todo su mensaje y nos cambie la vida y así, nos vuelva hacia Él y podamos disfrutar de su compañía.

“Mirad, vigilad, pues no sabéis cuál es el momento y cuándo… Velad, velad pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche o al canto del gallo o al amanecer, no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos” (Marcos 13,33-37), dice Jesús a sus discípulos. Y también nos lo dice a nosotros. Tres verbos muy importantes sobre los que debemos trabajar esta primera semana de Adviento: MIRAD, VIGILAD y VELAD.

MIRAD”. Mirar es atender, es observar, es buscar, es no perder de vista, incluso mirar de hito en hito. Hoy Jesús me dice que mire. ¿Qué miro? La vida, la vida que me regala, el día a día, el amor que me está dando, las personas. Hoy Jesús me dice: “Mira, pon atención, observa, no vivas a lo loco, párate, reflexiona, Yo estoy contigo, siente mi presencia, date cuenta de mi paso”.

 

VIGILAD”. Vigilar, estar en vela, atender, pero más bien cuidar, como una atención in crescendo, mucho más: cuida, estate en vela pero cuida de la casa. El Señor nos ha traído a la vida y nos ha dado un encargo; nos dice vigilemos Su herencia, que vigilemos todo el don y el regalo que nos da, que no la desatendamos, que no la descuidemos, que no nos dejemos “despistar” de nuestro objetivo y de todo lo que puede pasar en nuestra vida con Él.

VELAD”. Velar, estar en vela. Estar en vela es no dormirnos, no descuidarnos, no ocultar que estoy dormida. ¡Qué avisos tan grandes me estás dando hoy, Señor, qué actitudes! Me dices que sepa disfrutar de esa espera tuya.

Debemos estar siempre despiertos, no vivir superficialmente ni dejarnos llevar por las cosas mundanas y no escuchar falsos profetas que nos pintan la felicidad en el dinero, el poder y la comodidad. Démonos cuenta de Su paso, para que sepamos ser Su luz para el mundo y podamos anunciarle.