Tercer domingo de Adviento: ¡ACOGE!

En este tercer domingo de Adviento, a nosotros, que aguardamos la venida de Cristo, el apóstol San Pablo nos exhorta, diciendo: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres, porque el Señor está cerca". El Señor está cerca. Va a venir a salvarnos, a darnos la paz, a decirnos que Dios nos ama. Y estamos muy contentos. Estamos preparando el camino al Señor porque es Adviento, y él va a llegar y nos preparamos para acogerle. Y hemos de prepararle el camino en la alegría. Nosotros estamos alegres porque esperamos al Señor, y vamos a contárselo al mundo; ¡anunciemos Su llegada! Porque el mundo, hoy en día, no sólo sufre el hambre del cuerpo, sino que sufre hambre de lo espiritual y como cristianos, también debemos preocuparnos por la salvación del prójimo.

Juan el Bautista sólo se ve a sí mismo como «la voz que grita en el desierto: allanad el camino al Señor». Sin embargo se nos dice que Dios lo envía como «testigo de la luz» capaz de despertar la fe de todos. Una persona que puede contagiar luz y vida, pero como Juan, sin darse importancia, sin buscar ser original ni llamar la atención, sin tratar de impactar a nadie... El testigo, sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer. El testigo de la luz no habla mucho, pero es una voz. Vive algo inconfundible. Comunica lo que a él le hace vivir. No dice cosas sobre Dios, pero contagia «algo». No enseña doctrina religiosa, pero invita a creer. La vida del testigo atrae y despierta interés. No culpabiliza a nadie. No condena. Contagia confianza en Dios, libera de miedos. Abre siempre caminos. Es como el Bautista, «allana el camino al Señor». El testigo se siente débil y limitado; muchas veces comprueba que su fe no encuentra apoyo ni eco social. Incluso se ve rodeado de indiferencia o rechazo. El testigo de Dios no juzga a nadie. No ve a los demás como adversarios que hay que combatir o convencer. Se dice que el mundo actual se va convirtiendo en un «desierto», pero el testigo nos revela que algo sabe de Dios y del amor, algo sabe de la «fuente» y de cómo se calma la sed de felicidad que hay en el ser humano.

Lo dice Juan Evangelista y lo expresa bien Juan Bautista, diciendo que él no es la luz, sino testigo de la Luz, porque la Luz es Jesucristo. Vamos avanzando hacia la Natividad del Señor que es una fiesta de amor y de luz y todavía hay tiempo para enmendar algún camino y para allanar alguna senda escabrosa. El Señor Jesús nos espera. Y nosotros a Él.