El Bautismo del Señor, que nos trae el agua de la Salvación

Este domingo 11 de enero, celebramos el Domingo del Bautismo de Jesús, contemplamos otra manifestación de Jesucristo como el profeta que pone su vida al servicio del proyecto salvador de Dios. Es la festividad del Bautismo del Señor, fiesta que se celebra el domingo siguiente a la Epifanía y con la que se cierra el Tiempo de Navidad, comenzando el Tiempo Ordinario, en que meditamos a Cristo, Salvador del mundo. El bautismo en el Jordán fue para Jesús dejar la vida silenciosa de Nazaret y el comienzo de su misión mesiánica.

Cristo estuvo preparándose para su misión durante 30 años, que consistió en hacer cercano al hombre el Reino de Dios. Jesús siente una llamada especial; es lo que hoy recordamos en la fiesta de su Bautismo, que nos lleva al inicio de las cosas. El Padre de los cielos convierte la escena en una escuela personal para Jesús. Él nació de las entrañas de María. Ahora, al salir del agua, oye al Padre Dios decirle: “Tú eres mi Hijo muy querido”. Igual que su Madre le presentó a los pastores y a los Magos del Oriente para que le adoraran, el Padre quiere empezar a presentarle ante el mundo, señalándolo como su “predilecto”. Por fin, igual que la estrella le distinguió entre la multitud, Jesús ve cómo el Espíritu Santo le reconoce entre la muchedumbre y, así como la paloma va derecho al lugar de su origen, viene a él para habitar en él. El Espíritu sabe que Jesús es su hogar perpetuo. El Bautismo del Señor, además, inaugura el anuncio del Reino del Padre y constata que Jesús inicia la nueva creación. El Señor aparece ante nuestros ojos, finalmente, como el Salvador que nos lleva a romper las cadenas de esclavitud que atan de pies y manos a los hombres.

 

 Finalmente, nosotros confesamos que Dios nos hizo sus hijos en la fuente bautismal. Esta es nuestra fe: Cristo, que asumió nuestra carne y sangre, santifica las aguas comunicándoles fuerza redentora que se nos transmite en el bautismo. La acción salvífica de Dios actúa en su Hijo predilecto, Jesús, que sintetiza todo: el Espíritu, el agua y la sangre. Pidamos a Dios especialmente que nos ayude a renovar el gran don de nuestro Bautismo y que acreciente nuestra fe para que pueda ser profesada, celebrada, vivida y orada en esta hora.