Jesús le dijo: «Dame de beber» (jn 4, 7)

El lema de este año, “Dame de beber”, para rezar por la unión de los cristianos,  es una invitación a que dispongamos nuestro espíritu para el diálogo con Dios y con los hermanos. Quien reconoce la sed de su corazón, estará dispuesto para saciarla en Jesús, fuente de agua viva. Y quien ha bebido del agua que Jesús nos ofrece, no puede quedarse callado e inactivo, sino que de su mismo corazón brota una fuente semejante a la de Jesús y siente el impulso misionero de compartir la buena noticia de haber encontrado al Señor, quien da sentido a la vida del creyente.

El que los cristianos, reunidos en oración, invoquemos al Señor con un solo corazón y una sola alma es un signo de que el agua viva del Evangelio está produciendo ya sus frutos. Podemos seguir teniendo nuestras diferencias como iglesias, pero al orar en común y con el mismo objetivo de corresponder al deseo del Señor, estamos avanzando en la valoración de los elementos de verdad y santidad que cada confesión tiene.

A cincuenta años de haberse promulgado del Decreto del Concilio Vaticano II sobre el Ecumenismo (Unitatis Reditengratio), el objetivo de promover la restauración de la unidad de los cristianos sigue siendo una prioridad pastoral en nuestra Iglesia católica. La necesidad de dar un buen testimonio del nombre cristiano en el mundo actual es una urgencia que nos involucra a todos los fieles cristianos, independientemente de la comunidad cristiana a la que pertenezcamos.

En la  carta que el Papa Francisco, el  20 de noviembre de 2014, dirigida a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de los Cristianos, el Santo Padre nos sigue invitando a cultivar el ecumenismo espiritual, el cual tiene uno de sus momentos culminantes en la celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

El ecumenismo espiritual, nos dice el Papa Francisco en esa carta, se ha convertido en una red de momentos e iniciativas de oración y reflexión en todo el mundo y en todos los niveles de la Iglesia por el que se comunica a todos los creyentes el oxígeno del auténtico espíritu ecuménico, llegando así a todo el cuerpo de la Iglesia. Estas acciones acrecientan y expanden el deseo de unidad, y ayudan a que se refleje este deseo en actos de caridad sincera a los hermanos, yendo más allá de las confesiones particulares y desarrollando el aprecio mutuo.

Finalmente, es parte importante de nuestro ser católico el proyectarnos como Iglesia de puertas abiertas y en salida. Por tanto, la conciencia de unidad fraterna y de servicio a los demás nos invita a ir más allá de nuestras iglesias parroquiales para salir al encuentro de los que no creen y llevar la experiencia del encuentro con Cristo vivo a los que se sienten débiles o abatidos por el sufrimiento.

Pidamos con Jesús, en este momento privilegiado de oración y reflexión, que seamos uno en Él, como Él lo es con su Padre, y así, animados por su mismo Espíritu, demos buen testimonio de su amor y seamos signo de credibilidad en nuestro mundo actual.