La familia en Misión

EDUCAR EN VALORES CRISTIANOS MEJORARÁ EL MUNDO

La educación de los hijos es una tarea principalmente de los padres, que son los responsables de formar a los niños, futuro de nuestra sociedad. De ahí, la importancia de hacerlo en los valores de solidaridad, empatía, bondad,… Pero se hace tarea difícil por el ritmo de vida actual. En palabras del Santo Padre, “la vida se ha convertido en avara de tiempo para hablar, reflexionar, confrontarse. Muchos padres están ‘secuestrados’ por el trabajo y por otras preocupaciones, avergonzados de las nuevas exigencias de los hijos y de la complejidad de la vida actual, y se encuentran como paralizados por el temor a equivocarse”. Se hace muy complicado educar a los niños cuando, por los trabajos y la vida cotidiana, les vemos sólo un rato por la noche, cuando todos estamos cansados ya por las tareas del día... A pesar de ello, sigue siendo labor fundamental de los padres.

Los padres de hoy, tendemos a confiar esa labor en los colegios y en los “expertos”, que han ocupado el papel de los padres también en los aspectos más íntimos de la educación; la vida afectiva, la personalidad y el desarrollo, los derechos y sus deberes, los ‘expertos’ saben todo (objetivos, motivaciones, técnicas,…). Y así, los padres corremos el riesgo de autoexcluirnos de la vida de nuestros hijos. En este sentido, el diálogo y la comunicación entre padres e hijos es fundamental, pero no es suficiente; es necesario saber en qué punto del camino se encuentran los niños, dónde y cómo está su alma.

Para ello, las comunidades cristianas están llamadas a ofrecer apoyo a la misión educativa de las familias, y lo hacen sobre todo con la luz de la Palabra de Dios. Porque para formar un futuro mejor para el mundo, es necesario hacerlo en el camino que Jesús nos mostró. Y en la base de todo está el amor, aquél que Dios nos dona, que “no falta al respeto, no busca su propio interés, no se enoja, no toma en cuenta el mal recibido… todo perdona, todo cree, todo espera, todo soporta” (1 Cor 13, 5-6). El mismo Jesús pasó a través de la educación familiar, creció en edad, sabiduría y gracia (cfr. Lc 2, 40.51-52). Y cuando dijo que “su madre y sus hermanos” son todos aquellos «que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc 8, 21), lo demostró hasta el límite de dar la vida por nosotros.

Porque la gracia del amor de Cristo lleva a cumplir lo que está ya inscrito en la naturaleza humana. De ahí, que educar a los niños como buenos padres cristianos, demuestra que “la buena educación familiar es la columna vertebral del humanismo. Su irradiación social es el recurso que permite compensar las lagunas, las heridas, los vacíos de paternidad y maternidad que tocan a los hijos menos afortunados. Esta irradiación puede hacer auténticos milagros”, decía este miércoles en su catequesis de la audiencia general el Papa Francisco.

Por todo ello -recordó Su Santidad- la Iglesia está llamada a acompañar la misión educativa de los padres, sobre todo con la luz de la Palabra de Dios, que funda la familia en el amor. Y concluyó la síntesis de esta catequesis afirmando que si la educación familiar “recobra su protagonismo”, muchas cosas cambiarán para bien. Porque como dijo el Papa, “es hora de que los padres y las madres regresen de su exilio, y se impliquen plenamente en la educación de sus hijos”.