Vivir en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

La señal de la Cruz es el signo de los cristianos e invocamos a la Santísima Trinidad. Podemos decir que invitamos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo que nos acompañe, que estén presentes no solo en nuestra vida, sino también en todo lo que realizamos. Por eso es bueno cuando nos vamos a acostar hacer la señal de la Cruz. Así le pedimos a Dios Padre, a Jesús nuestro hermano y amigo y al Espíritu Santo, el Dios de la Unidad que velen por nosotros, que nos asista y nos guarde mientras dormimos. También cuando nos despertamos por la mañana, hacer la señal de la Cruz pidiéndoles nos acompañen durante el día. De esta forma estaremos acompañados de día y de noche por el Dios Uno y Trino.

 

La Trinidad es una verdad que la fe impone, pero que no llega a transformar del todo nuestras vidas. Y sin embargo al revelarnos el misterio de la Trinidad, Dios nos ha revelado que él vive la vida más cercana y parecida a la nuestra, la vida de familia, en la que hay entrega total, comunicación entera y absoluta complacencia. Dios ha revelado que su vida es toda ella don, amor, alegría de amar y de ser amado. Dios es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo.

La Trinidad no es una teología complicada y matemática que oscurece la imagen de Dios, sino que es la manifestación explícita y asequible de la verdad de Dios. ¿Cómo es nuestro Dios?

Dios es Padre, es decir, fuente inagotable, inmortal e infinita de todo cuanto existe; principio de unidad y generosidad; signo del amor que no pasa nunca y garantía providente del gobierno de la vida, nos ha creado y hecho una historia preciosa y llena de amor que muchas veces no nos gusta y queremos cambiarla. Por qué hay acontecimientos que no entendemos: enfermedades, situación de paro, problemas familiares, estudios, etc. Y es imposible ver en el sufrimiento el amor de Dios Padre, y decir que es su voluntad, por eso nos manda el remedio, su Hijo Jesucristo que morirá por cada uno de nosotros.

Dios es Hijo: El que manifiesta al Padre, el que publica su gloria, el que es imagen purísima: Dios de Dios, Luz de Luz, como confesamos en el Credo.  Es Cristo al que el Padre en su infinita misericordia nos lo ha enviado para salvarnos de la muerte y del pecado de querer ser como dioses y cambiar la historia en él podemos ver el amor del Padre y entrar en nuestro día a día aceptando los acontecimientos de nuestra vida como voluntad del Padre aunque muchas veces son dolorosos e incluso traumático, pero no nos debemos escandalizar,  sino como Pedro decirle;  Señor tú lo sabes todo tu sabes que te quiero. Cristo es la buena noticia, él ha roto toda esclavitud del pecado y nos quiere, ama, perdona como somos sin exigirnos que cambiemos, él lo hará gratis en nosotros completando la obra del Padre llevándola a término.

Dios es Espíritu. La entrega del Padre al Hijo y del Hijo al Padre es una realidad tal que se convierte en una Persona, en un Espíritu de amor y entrega. Es transparencia del espíritu de unión y de vida de la Trinidad Santa. El Espíritu Santo sostiene nuestra vida, que se nos da sin medida en la Iglesia católica y hace posible la comunión de los santos, que experimentos el perdón de nuestros pecados y la vida eterna, aquí y ahora, no para cuando nos muramos, sino en el hoy de nuestra vida cotidiano, es el Espíritu que nos ayuda a rezar, perdonar, sacudirnos de la pereza, estar contentos servir a los hermanos, etc.

Por tanto, como María digamos si al proyecto de Dios Padre, sabiendo que su Hijo en su infinito amor siempre nos salvará y como ella dejémonos que Espíritu Santo nos cubra con su sombra y en nuestras precariedades seremos asistidos y sostenidos.