Retiro de adviento: Jesús nos transforma por la Misericordia de Dios

El pasado sábado tuvimos el retiro de Adviento y el padre José Manuel, vicario parroquial de la Parroquia de San Isidro, nos habló sobre cómo vivir este tiempo, qué esperar y cómo aprovecharlo para dejar que transforme nuestra vida entera. Nos preparamos para la venida del Señor y Dios, que es Amor, quiere que vivamos esperanzados. Por eso nos dio a Su Hijo, Jesús, que con Su sacrificio puso a nuestro alcance la vida eterna y nos abrió el camino al Padre, dio sentido a nuestra existencia y nos dio esperanza. Sabiendo que el Cielo nos espera, que el amor infinito del Padre nos espera, deberíamos vivir tranquilos y esperanzados. Sin embargo, muchas veces dejamos que las preocupaciones nos absorban, olvidando que todos los problemas se solucionan en el Señor. Porque la preocupación más grande del hombre, que es la muerte, Dios ya la alivió dándonos la resurrección. El Padre José Manuel hacía un símil con el embarazo de una mujer; gestamos y damos a luz con molestias, náuseas, dolores y mucha preocupación por que todo vaya bien. Pero el fin vale todo ese sufrimiento; cuando vemos la cara de nuestro hijo, se nos olvida todo ese mal trago.

Y es que Dios es el único que puede sanar el corazón del hombre y para eso se abaja; esa es la alegría del Evangelio. Mientras que nosotros, en esta sociedad siempre queremos ser los primeros (los mejores, los más ricos, con el mejor trabajo, los más populares, etc…) Dios, que quiere transformar nuestra vida, nos manda a Jesús que se abaja, se hace lo más pequeño y viene como un bebé (débil y desprotegido), viene pobre, obediente, desterrado, ejecutado,… Se puso siempre en último lugar para ponernos a nosotros en primer lugar, como hacemos los padres con los hijos. Eso es el Amor de padre! Es el abajarse de Dios, que decía Charles de Foucauld. Dios nos trata con Amor, para que nosotros tratemos con amor a los demás y así, no sólo transformaremos nuestras vidas, sino también las de los que nos rodean. Pero para ello tenemos que aceptar esa transformación, decir SÍ a Dios, como el SÍ de María, que no pensó en el “qué dirán”, no pensó en cómo afectaría a su vida, no luchó contra ello, sino que le dijo a Dios “hágase en mí Tu voluntad”. Por eso, el Adviento, es hacerse un hombre nuevo, porque Dios toca nuestras vidas y nos cambia para siempre. Pero esta transformación no es sólo para un rato, no debe quedarse sólo en el tiempo de Adviento, sino que debe perdurar durante el resto de nuestra vida. Para eso, Dios se hace lo más pequeño, lo más “vulgar”, que es un trozo de pan; entra en nosotros y, como una semilla, germina y se gesta ese cambio.

Nos recordaba el padre José Manuel, que Dios nos invita a ser hombres nuevos, con la esperanza de un corazón abierto a recibir Su Amor. La verdadera esperanza cristiana es que Dios nos ha creado en Su Amor y en el amor de los unos a los otros; “se te examinará en el Amor”, decía San Juan de la Cruz. El padre Juan Manuel nos invita a vivir verdaderamente la Pascua (Pascua significa “paso”), recordando que hay dos Pascuas en el año litúrgico: La Pascua de Resurrección –paso de la tierra al Cielo- y Pascua en Navidad -paso del Cielo a la tierra-. Este Adviento, vivamos la Pascua; dejemos que Jesús nazca en nuestro corazón.