Gaudete: Tercer domingo de Adviento

El tercer domingo de Adviento marca un avance en la preparación espiritual: es la alegría. Porque el Señor está cerca. Hoy es un domingo para el gozo con el Señor.

        Pablo, en la carta a los Filipenses (segunda lectura de hoy), nos anima:

 

  • “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito estad alegres”.


 ¿Qué tenemos que hacer?

        Juan Bautista levanta el ánimo y la esperanza de la gente. Su predicación, austera y firme, motiva al pueblo a la penitencia y a esperar al Mesías. De ahí la pregunta que distintos sectores del público (gente, publicanos, militares) hacen a Juan: ¿Qué tenemos que hacer?

        No se preguntan lo que hay que pensar, lo que hay que rezar, ni siquiera lo que hay que creer. El oyente de la Palabra tiene que dirigir su actitud interior hacia las obras, la conversión en este caso.

        La buena noticia tiene que llegar a lo más hondo de la persona y arrancar esa disposición inicial de cambiar. A cada grupo les da su respuesta.

        Tres grandes puntos les señala Juan:

  1. Caridad: El que tenga dos túnicas dé una al que no tiene y el que tenga comida, compártala con el que no la tiene.
  2. Justicia: No exijan nada fuera de lo establecido.
  3. No-violencia: A nadie extorsionen ni denuncien falsamente.
  • Todo el mensaje de Juan va dirigido hacia el prójimo. Éste es el culto que Dios quiere. La Palabra es liberadora, exigente y se dirige a la conversión, a dar frutos. No hay privilegio para nadie. Ni siquiera “por ser hijos de Abrahán”.

        Juan no sólo trasmite su palabra fogosa y exigente. Anuncia también el signo bautismal, de penitencia y de conversión. Va anticipando el verdadero bautismo con Espíritu Santo y fuego.

El mensaje central de Juan es la venida del Mesías. Ante la creencia de la gente de que Juan es el Mesías, él afirma con claridad: viene el que es más fuerte que yo y a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias (v. 16). Juan no se arroga ningún título y va señalando que el importante es el que viene, el verdadero Mesías. Ésta es la grandeza de Juan. Se declara como un pequeño y humilde servidor del Mesías. Y el verdadero bautismo será el de Jesús, que bautizará (sacramento) con Espíritu y fuego.

Juan Bautista nos indica el camino para encontrarnos con Jesús. Con Él, nos llegará al ánimo de vivir, el entusiasmo por el Señor, las fascinación de estar en su compañía, el gozo y la alegría de la “buena nueva”, anunciada por Juan, y traída por el mismo Jesús.