Destinados a proclamar la grandeza del Señor


Iniciamos, con este lema, la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos. Los que acogen el evangelio de Jesucristo son el nuevo pueblo de Dios. Esta realidad se expresa en el bautismo, que es común a todos los cristianos, en el que renacemos del agua y del Espíritu Santo (cfr. Juan 3, 5). En el bautismo morimos al pecado para resucitar con Cristo a una nueva vida de gracia en Dios. Constituye un desafío cotidiano mantenernos conscientes de esta nueva identidad que tenemos en Cristo pero, ¿cómo entendemos nuestra vocación común de ser «pueblo de Dios»?, ¿cómo expresamos nuestra identidad bautismal de ser «sacerdocio real»? Escuchando las grandezas de Dios.


El bautismo nos abre a un nuevo y apasionante viaje de la fe uniendo a cada cristiano con el pueblo de Dios que peregrina a lo largo de los siglos. La palabra de Dios –las Escrituras que los cristianos de todas las tradiciones rezan, estudian y meditan– es el fundamento de una comunión real aunque incompleta. En los textos sagrados que compartimos la gran obra de Dios: la resurrección de Jesús de la muerte que inauguró una nueva vida para todos nosotros. Más aún, la lectura orante de la Biblia lleva a los cristianos a reconocer las grandezas de Dios en sus propias vidas, pero, ¿cómo reconocemos y respondemos a las grandezas de Dios en el culto y el canto y en el trabajo a favor de la justicia y la paz?¿cómo valoramos la Escritura como Palabra viva de Dios que nos llama a una unión mayor y a la misión?
Los cristianos viven esta llamada bautismal de diferentes maneras. Curando las heridas (las guerras, los conflictos y las heridas de la vida emocional y relacional); Buscando la verdad y la unidad, ( como los discípulos de Emaús, estamos llamados a compartir nuestra experiencia para poder descubrir que en nuestra común peregrinación Jesucristo está en medio de nosotros); Un compromiso activo a favor de la dignidad humana (los cristianos reconocen la enorme dignidad de toda vida humana; a través de proyectos sociales y caritativos nos acercamos a los pobres, los necesitados, los adictos y los marginados).
La celebración ecuménica utiliza los símbolos de la Biblia, una vela encendida y la sal; tanto la luz como la sal son imágenes que describen nuestra identidad cristiana: vosotros sois la sal... vosotros sois la luz… Y describen también nuestra misión: sal de este mundo… luz del mundo. La sal y la luz son signos de lo que los cristianos debemos ofrecer a los hombre y mujeres de nuestro tiempo: llevamos una palabra de Dios que da sabor a la vida, que tantas veces puede parecer sosa y vacía; y llevamos una palabra de gracia que guía y ayuda a las personas a ver y a entender sus vidas y su mundo.