De aquí cerca: Vida consagrada

Acabo de decir “si ” a intentar escribir estas líneas “de hoy para mañana”…Nos pasa a todos muchas veces- ¡Tan ocupados como estamos!- Pero decir  “no” a un amigo, a un hijo, a un rato de escucha…es  más costoso.Y hasta quita el sueño.

Para ayudarme, he buscado la carta que nos ha escrito el Papa, nuestro Francisco, a las personas  que hemos sido llamadas a la Vida Consagrada:

«Al llamaros Dios os dice: "¡Tú eres importante para mí, te quiero, cuento contigo!" Jesús a cada uno de nosotros nos dice esto……... Sentirse amado por Dios, sentir que para Él no somos números, sino personas; y sentir que es Él quien nos llama, es motivo de nuestra alegría».”

 

Por eso el día que respondimos con aquel “SI” por primera vez,  es inolvidable y celebramos los aniversarios  como una segunda fecha de cumpleaños, con fiesta y oración.

      Esto de orar es imposible sin ponerse a la escucha interior: "Para un discípulo, lo primero es estar con el Maestro, escucharle, aprender de él. Y esto vale siempre, es un camino que dura toda la vida .Si en nuestros corazones no está el calor de Dios, de su amor, de su ternura, ¿cómo podemos nosotros, pobres pecadores, inflamar el corazón de los demás?»

La fundadora de las Siervas de San José nos anima asegurándonos cómo ella experimenta cotidianamente la cercanía de Dios  : Dios está delante de mí, yo estoy delante de Él, me mira, me está animando”

 A Bonifacia no le falto nunca este buen ánimo, tanto en momentos   difíciles para ella,  como cuando notaba que alguien necesitaba…ternura o consuelo. Es palpable y reciente en  nuestra Parroquia.

El Papa Francisco nos confía a nosotros, consagrados y consagradas esta misión: encontrar al Señor, que nos consuela como una madre, y consolar al pueblo de Dios, de la alegría del encuentro con el Señor y de su llamada brota el servicio en la Iglesia, la misión: llevar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo la consolación de Dios, testimoniar su misericordia.

Hombres y mujeres que esperan una palabra ….  de cercanía, de perdón y de alegría verdadera. Somos llamados a llevar a todos el abrazo de Dios, que se inclina con ternura de madre hacia nosotros: consagrados, signo de humanidad plena, facilitadores y no controladores de la gracia… Que así sea.

      Yo sé que este comportamiento nos ha hecho bien a todos, quizá lo hemos aprendido y ejercido porque nuestros padres, amigos, personas que nos manifiestan su cariño, lo han hecho antes con nosotros…¿Verdad?  Y cierto es que quien nos  ama, atrae como nos recuerda y nos exhorta la carta a la que nos vamos refiriendo:

 «La Iglesia debe ser atractiva. ¡Despertar al mundo! ¡Sean testimonio de un modo distinto de hacer, de actuar, de vivir! Es posible vivir de un modo distinto en este mundo. Por lo tanto, esto que me espero es el testimonio».

Ojala -quiera Dios- que los que con rubor y gozo nos llamamos Consagrados, supongamos en esa espera un poquitín de levadura, sal y abrazo. Con  todos.