La Higuera: Una oportunidad más.

 

La pregunta que surge ante catástrofes que se llevan por delante vidas humanas es: ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Por qué tienen que morir inocentes? Es una pregunta pertinente y necesaria que brota de un corazón verdaderamente humano. La respuesta que Jesús desautoriza  es aquella que echa  la culpa  a los que perecen  o les tachan  de ser más  pecadores que otros.

Tenemos que reconocer, desde la honestidad, que más de una vez, se nos suele escapar  un  “les está bien”. Y sin embargo, de lo que se trata  es dejarnos  interpelar  e interrogar  por todo lo que acontece y, con ello,  ponernos en situación  de cambio y conversión. Debemos estar siempre dispuestos a perdonar, es gratificante dar una nueva oportunidad  para el cambio, tanto el nuestro como el de los demás. Las palabras del  viñador “Señor, déjala todavía……yo cavaré a su alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto” debemos plantarlas en nuestro corazón y hacerlas nuestras. Dios da siempre una nueva oportunidad porque grande es su misericordia.

        Estamos ante un evangelio que nos recuerda  la gran responsabilidad de trabajar por el reino. Cuantas veces nos pone el Señor señales para que nos convirtamos, para que cambiemos de actitud, para que seamos buenos cristianos, y sobre todo se nos note. Porque,  dependiendo de como seamos nosotros, en cierta medida también será nuestro prójimo.

  Yo creo que, no solo se nos juzgará el día de mañana por lo que hayamos hecho de bueno, sino que también se nos juzgará, por la cantidad de personas que no se han convertido por culpa de nuestras malas actuaciones, nuestra falta de compromiso, por nuestro dejar de hacer cosas por los demás......Por eso ,debemos ser visibles, "debemos echar abono para que crezcan las higueras" Quizás en demasiadas ocasiones, Dios espera de nosotros un fruto que no llega. Quizás en demasiadas ocasiones, no queremos dar ese fruto por comodidad, por desesperanza, por apatía, por miedo…, aunque solemos decir  y hasta nos convencemos, de que no podemos dar fruto. El que no puede quizás es que no lo quiere suficiente todavía…

  “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto.” Os proponemos esta semana de Cuaresma buscar tiempo para pararnos a reflexionar sobre los frutos que se nos piden que demos y que gracias a las cualidades que se nos han regalado, podemos dar, pero que no estamos dando todavía. Hagamos el esfuerzo de buscar el método y las ganas para "cavar" en nuestra propia tierra y echar el "estiércol" necesario para que, desde el compromiso concreto, sí demos frutos. Pongámonos manos a la obra. No lo dejemos para mañana. Ese fruto es esperado.

  Pidámosle al Señor la sabiduría del viñador, para saber qué tenemos que hacer para que ese fruto sea abundante y la constancia para hacerlo.

  Dediquemos también algún tiempo a dar gracias a Dios por los frutos que ya vamos dando. Reconozcamos su gracia en esos frutos. No tengamos reparo en reconocerlos. Aceptamos lo bueno que hay en nosotros con la intención de hacer que se multiplique.

  Y si se presenta la ocasión, estemos dispuestos a colaborar en lo que se nos pida o veamos conveniente, para que otros hermanos, cercanos a nosotros, tengan la dicha de producir su fruto.