13 de marzo: Día del Seminario- Enviados a Reconciliar

"Con la fe de San José, la vida de Jesús y la audacia de María” “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?” son las palabras con las que iniciamos la reflexión de este domingo en el que celebramos el Día del seminario.  Es un día para acercarnos a la verdad del ministerio sacerdotal y su actualidad para la vida del mundo. Las palabras: “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”. de Santa Teresa de Jesús nos traen unas sugerencias  para vivir el ministerio sacerdotal de  Hombres elegidos por el Señor de entre los hombres a quienes un día, valiéndose de muchas situaciones, les llama para que le presten la vida a Él. 

 

 Es bueno e higiénico  pararnos  y preguntarnos  “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”.  Sin tacañería, padres cristianos, familias cristianas,  jóvenes, pequeños…..para la hermosa tarea de hacer realidad las palabras de Cristo en la última Cena:  “id por el mundo y anunciad el Evangelio”. Es imperioso que todos nos sintamos comprometidos en esta aventura de amor. El Señor llama y el hombre responde. La  fuerza de la vida espiritual de la comunidad eclesial, parroquial, religiosa se barema según las respuestas  que da a las llamadas que Dios hace en su seno. La comunidad parroquial, diocesana y la iglesia universal necesitan sacerdotes.

 

El sacerdocio ministerial es indispensable para la existencia de una comunidad eclesial. Los fieles cristianos esperan de los sacerdotes que sean fundamentalmente especialistas en promover el encuentro del hombre con Dios, expertos en la vida espiritual, testigos de la sabiduría de Dios. Son impresionantes las palabras del santo cura de Ars, San Juan María Vianney: “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Jesucristo Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia”

Mirando a San José apreciamos su disponibilidad, su abandono incondicional en las manos de Dios. Llama la atención la audacia de María, su sí es nuestro sí.  La audacia de María está en su abandono y en la confianza absoluta en Dios. Con la audacia de su sí abrió el cielo en la tierra y se abrió la tierra al cielo. La raíz de la audacia, esa que tenemos que imitar de María nuestra Madre, está en darnos cuenta de que Dios ha puesto los ojos en cada uno de los que han sido llamados al ministerio sacerdotal. Por último, Jesucristo, en Él Dios no sólo es apariencia de hombre, sino que se hace hombre. se sumerge personalmente en la historia humana. Se hace carne, es decir, realidad frágil, condicionada por el tiempo y el espacio. Dios, en Jesucristo nos revela el gran sí que Dios dijo al hombre y a su vida, a nuestra libertad, a nuestra inteligencia..

María, José y Jesucristo, nos animan a responder con generosidad a la llamada de Dios.