Creciendo en la Fe, creciendo en el Amor al prójimo

Hoy iniciamos un nuevo curso con el lema “UNA COMUNIDAD CRECIENDO EN LA FE, UNA COMUNIDAD PARA LOS DEMÁS”. Durante estos años, hemos trabajado por unirnos en la fe para ser una Comunidad que celebra unida, una Comunidad que ora unida. Ahora es tiempo de convertirnos en una Comunidad que ACTÚA unida.


Trabajamos juntos para construir un mundo mejor, para abrir nuestras puertas a todos,… Pero queremos seguir andando, queremos seguir avanzando en el camino de Jesús. Y hemos elegido el agua como símbolo que nos inspire en nuestro crecimiento este año, porque el agua representa la vida, el agua es el elemento que todo ser vivo necesita para crecer.

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La Cincuentena Pascual

La reforma conciliar de la liturgia ha restituido al tiempo pascual su significado. En las Normas universales sobre el año litúrgico, del 21 de marzo de 1969, se dice que los cincuenta días que van del Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés se celebran con alegría y júbilo, como si se tratara de un único día de fiesta o, mejor aún, de un gran domingo.

El tiempo de Pascua es, pues, la celebración del misterio de la exaltación de Cristo, constituido Señor del universo y cabeza de la humanidad. Es período de plenitud y de profundización en el bautismo recibido o en la fe ya vivida. Es cincuentena hasta Pentecostés, en que predomina la acción del Espíritu. Es tiempo de alegría y de banquete, al que se asiste de pie (no de rodillas), en el que se canta el aleluya y en el que la comunidad se reconoce como misterio de comunión fraternal, realizada por el Espíritu de Jesús en forma de koinonía, es decir, de comunión fraterna.

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La Divina Misericordia

El 5 de mayo del año 2000, la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de la Santa Sede declaró el domingo siguiente al Domingo de Resurrección, es decir, la Octava de Pascua, como “Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia”, que había sido, hasta entonces, una devoción privada.

El Papa Juan Pablo II dio la sorpresa, al hacer ese anuncio el día en que canonizó a Sor Faustina Kowalska, precisamente en el Domingo de la Divina Misericordia del año 2000. “En todo el mundo el Segundo Domingo de Pascua recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros”.

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OÍR misa, SEGUIR la misa, PARTICIPAR en la misa

En el nacimiento del Movimiento Litúrgico se insistió mucho en la necesidad de que los fieles siguieran, sobre todo a través de pequeños misales para el pueblo, lo que el celebrante decía y hacía en el altar. Se insistía en que durante la misa los fieles no hicieran sus oraciones (era una práctica común durante los últimos siglos), sino que siguieran las oraciones del celebrante. Al referirse sobre todo a la misa dominical, los catecismos acostumbraban a decir que uno de los preceptos generales de la Iglesia era que los fieles tenían la obligación de oír misa todos los domingos y fiestas de guardar (precep­to que literalmente resultaba imposible porque el celebrante acostumbraba a celebrar la eucaristía en un altar lejano, casi siempre en voz baja). Era imposible por tanto oír la misa.

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La Octava de Pascua

La Octava de Pascua comprende los primeros ocho días del Tiempo Pascual, pues la Resurrección del Señor en un acontecimiento tan grande, que no es posible celebrarlo en un solo día, sino que ese júbilo es preciso prolongarlo durante ocho, que son considerados como uno sólo, con la categoría de Solemnidades del Señor.

El evangelio de estos días se centra en las lecturas de las apariciones del Resucitado, la experiencia que los apóstoles tuvieron de Cristo Resucitado. Por otra parte, la primera lectura tiene como base el relato de los Hechos de los Apóstoles.

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