La Sagrada Familia

La fiesta de la Sagrada Familia, durante la Navidad, es una magnifica oportunidad para la revisión y autocrítica de nuestra vida en familia. Celebramos el misterio de Cristo Jesús, que al encarnase en la gran familia humana experimentó la vida en familia. Nació y creció en el seno de una familia concreta, humilde y trabajadora; y allí se fue realizando como persona en el lento aprendizaje de la vida y de las cosas. Los Evangelios nos describen las características que debe tener toda familia cristiana.

 

El milagro de la Navidad nos asegura que también nosotros somos miembros de la familia humana, que Dios enriquece ilimitadamente nuestra vida diaria cuando la vivimos con amor. Porque, para la familia de Nazaret, no todo en su vida era fácil. Ellos también sufrieron y encontraron contrariedades que les incomodaban y hacían difícil su caminar. Muchas veces en nuestras familias encontramos estos obstáculos, por el egoísmo de otros o de algún miembro de la familia; por enfermedades, accidentes, falta de empleo u otras cosas que están fuera de nuestras manos. Cuando esto nos sucede, en lugar de reclamarle a Dios y preguntarle por qué nos sucedió esto, podríamos buscar su Palabra en todo esto y encontrar su camino y realizar su voluntad. Es muy fácil hoy en día renunciar ante las dificultades, es muy fácil buscar “puertas falsas” como el divorcio, el exceso de trabajo o peor aún la indiferencia; pero hoy Dios nos llama a renovar nuestro esfuerzo, a reconocer su presencia en nuestra historia, su Palabra en nuestras situaciones y responderle con entereza y con la convicción de que Él camina con nosotros.

 

Por que Él ya vivió también sus problemas, y los enfrentó y entregó hasta su misma vida. Por eso, nadie como Él para comprendernos y acompañarnos a salir adelante como cristianos de cada una de nuestras situaciones. Hoy es, por lo tanto, un día de alegría, porque Dios nos anuncia que Él camina con nosotros, que no nos abandona sino que busca nuestra felicidad. Por eso, debemos dejarle entrar a nuestras familias, hacerlo un miembro más, hacerlo sentir a gusto entre nosotros. Porque no hay futuro sin la familia cristiana.