ABRE tu corazón a la LUZ

Cuarta semana de Adviento

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Con estas palabras María hizo su acto de fe. Acogió a Dios en su vida, se confió a Él. Y se podría pensar que la de María fue una fe fácil; convertirse en la madre del Mesías… ¿No era éste el sueño de toda muchacha hebrea? Pero nos equivocamos; fue el acto de fe más difícil de la historia. ¿A quién puede explicar María lo que ha ocurrido en ella? ¿Quién le creerá cuando diga que el niño que lleva en su seno es “obra del Espíritu Santo”? Esto no había sucedido jamás antes de ella, ni sucederá nunca después de ella. La fe de María no consistió en el hecho de que dio su asentimiento a un cierto número de verdades, sino en el hecho de que se fio de Dios; pronuncio su “fiat” a ojos cerrados, creyendo que “nada es imposible para Dios. En aquel primer Adviento y para hacer posible aquella primera Navidad, la Virgen María abrió su corazón a la Luz.

Nosotros no podemos imitar a María en concebir y dar a luz físicamente a Jesús, pero podemos y debemos, en cambio, imitarla en concebirle y darle a luz espiritualmente, mediante la fe. Creer es «concebir», es dar carne a la palabra. Lo asegura Jesús mismo diciendo que quien acoge su palabra se convierte para él en «hermano, hermana y madre» (Cf. Marcos 3,33). Por tanto, la fe es el secreto para hacer una verdadera Navidad: concibe a Cristo el que toma la decisión de cambiar de conducta, de dar un vuelco a su vida da a luz a Jesús el que modifica su vida en aspectos concretos y visibles con el propósito de seguir el camino que Él nos enseñó.

Nos estancamos tantas veces en la vida con cosas que nos esclavizan casi sin darnos cuenta... El ángel dijo: "Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús." María tuvo su gran propuesta de parte de Dios y cada uno de nosotros tenemos que estar atentos al proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros. Piensa con frecuencia: ¿Qué quiere Dios de mí? Porque se acerca la Navidad y para poder dar a luz a la Luz, debemos acogerla primero en nuestro corazón, como hizo María; debemos abrir nuestro corazón a la Luz.

Tercer domingo de Adviento: ¡ACOGE!

En este tercer domingo de Adviento, a nosotros, que aguardamos la venida de Cristo, el apóstol San Pablo nos exhorta, diciendo: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres, porque el Señor está cerca". El Señor está cerca. Va a venir a salvarnos, a darnos la paz, a decirnos que Dios nos ama. Y estamos muy contentos. Estamos preparando el camino al Señor porque es Adviento, y él va a llegar y nos preparamos para acogerle. Y hemos de prepararle el camino en la alegría. Nosotros estamos alegres porque esperamos al Señor, y vamos a contárselo al mundo; ¡anunciemos Su llegada! Porque el mundo, hoy en día, no sólo sufre el hambre del cuerpo, sino que sufre hambre de lo espiritual y como cristianos, también debemos preocuparnos por la salvación del prójimo.

Juan el Bautista sólo se ve a sí mismo como «la voz que grita en el desierto: allanad el camino al Señor». Sin embargo se nos dice que Dios lo envía como «testigo de la luz» capaz de despertar la fe de todos. Una persona que puede contagiar luz y vida, pero como Juan, sin darse importancia, sin buscar ser original ni llamar la atención, sin tratar de impactar a nadie... El testigo, sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer. El testigo de la luz no habla mucho, pero es una voz. Vive algo inconfundible. Comunica lo que a él le hace vivir. No dice cosas sobre Dios, pero contagia «algo». No enseña doctrina religiosa, pero invita a creer. La vida del testigo atrae y despierta interés. No culpabiliza a nadie. No condena. Contagia confianza en Dios, libera de miedos. Abre siempre caminos. Es como el Bautista, «allana el camino al Señor». El testigo se siente débil y limitado; muchas veces comprueba que su fe no encuentra apoyo ni eco social. Incluso se ve rodeado de indiferencia o rechazo. El testigo de Dios no juzga a nadie. No ve a los demás como adversarios que hay que combatir o convencer. Se dice que el mundo actual se va convirtiendo en un «desierto», pero el testigo nos revela que algo sabe de Dios y del amor, algo sabe de la «fuente» y de cómo se calma la sed de felicidad que hay en el ser humano.

Lo dice Juan Evangelista y lo expresa bien Juan Bautista, diciendo que él no es la luz, sino testigo de la Luz, porque la Luz es Jesucristo. Vamos avanzando hacia la Natividad del Señor que es una fiesta de amor y de luz y todavía hay tiempo para enmendar algún camino y para allanar alguna senda escabrosa. El Señor Jesús nos espera. Y nosotros a Él.

¿Qué haces con tu hermano?

Colecta extraordinaria de Navidad de Cáritas y “Operación Kilo”

Se acerca la Navidad y queremos mejorar la vida de las personas más desfavorecidas. Por eso, el fin de semana que viene, haremos una recogida de alimentos en Carrefour con la “Operación Kilo”; el viernes 12 y el sábado 13 durante todo el día, estaremos en Carrefour recogiendo los alimentos que quieran donar a la Parroquia (daremos una lista orientativa de los productos que hacen falta). Y el domingo 14 de diciembre, se llevará a cabo la Colecta de Navidad de Cáritas, destinada a paliar las necesidades de los más desfavorecidos.

En nuestro país hay exclusión y pobreza, porque a lo largo de nuestra historia perdimos el verdadero sentido de la caridad. Y la Colecta de Cáritas brinda a la sociedad la ocasión de compartir con los hermanos más necesitados. Por eso, el lema de Cáritas para este curso es “AMA Y VIVE LA JUSTICIA”, porque compartir es un acto de amor y es lo justo; debemos ser capaces de reflexionar y actuar en defensa de la dignidad y de los derechos humanos, esencia de la Doctrina Social de la Iglesia. Y en relación a esto, para la colecta de Navidad, el lema escogido es “¿QUÉ HACES CON TU HERMANO?”. Porque está en nuestras manos ayudar a cubrir las necesidades más elementales de las personas, para que puedan desarrollarse integralmente, ya que sin dignidad no hay justicia. La brecha entre quienes tienen la posibilidad de ejercer todos sus derechos y acceso al bienestar y quienes sólo tienen la posibilidad de ser pobres y ningún derecho se agranda en el mundo y se visibiliza especialmente en momentos de crisis económicas y sociales como la que estamos viviendo. Ante esta situación, la campaña “AMA Y VIVE LA JUSTICIA” nos invita a actuar entorno aquella profunda pregunta del Génesis: “¿QUÉ HAS HECHO CON TU HERMANO?” (4, 9)

El Papa Francisco ha hablado en repetidas ocasiones de que uno de los males que carac-terizan a nuestra sociedad es la “globalización de la indiferencia”. La progresiva insen-sibilización ante la pobreza, ante el mal, ante la corrupción, ante la injusticia. Una indi-ferencia paralizante que incluso a muchos creyentes nos encierra en nuestros templos, en nuestros ritos, en la contemplación o defensa de nuestros dogmas, mientras hay hermanos que claman y suplican ayuda dejados al borde del camino. Tenemos miedo de lo que el Papa Francisco nos pide: “…..hay que tocar la pobreza y hay que acercarse a las periferias…” Y, en realidad, no sólo nos debemos parar en el camino que transitamos ante el necesitado, lleguemos más allá: busquemos los caminos donde transitan los ne-cesitados para caminar por él, salgamos nosotros a ese camino.