Navidad es tiempo de esperanza

Te invitamos a vivir este tiempo de Navidad en clave de esperanza 

Este domingo 15 de diciembre, celebramos la Colecta de Navidad de Cáritas y, con la de este año, Cáritas cierra un ciclo de Campañas Institucionales que empezaron en 2011, y que han tenido como lema: “Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”.

Con esta nueva Campaña de Cáritas, queremos constatar y testimoniar que viviendo con sencillez y estando preocupados por el bien común, estamos abriendo caminos de Esperanza hacia un nuevo Modelo Económico y Social donde las personas son lo primero, que hay que rescatar y salvaguardar.

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Una sola familia humana, alimentos para todos

Cáritas Internacional lanza su primera campaña mundial con la bendición del Papa Francisco

La Confederación Caritas Internationalis (CI) lanzará su primera campaña mundial contra el hambre el próximo 10 de diciembre, con un mensaje grabado del Papa Francisco y una “ola mundial de oraciones” para promover el final del hambre en el mundo. Será el inicio de la campaña mundial de Caritas contra el hambre, con el lema: “Una sola familia humana, alimentos para todos”. Una sola familia humana, alimentos para todos nos ofrece una oportunidad única para que nuestras voces se unan como una sola y, trabajando juntos, pongamos fin a ese escándalo que es el hambre en el mundo.

Una sola familia humana, alimentos para todos une a todas las organizaciones miembros de Caritas para trabajar por conseguir terminar con la pobreza para el 2025. En su mensaje, el Papa Francisco exhorta a las instituciones y a los individuos a actuar, a hacer algo concreto, para lograrlo, porque 1.300 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza y atentar contra el derecho a la alimentación es atentar contra la dignidad humana. La alimentación no es solo una necesidad básica, sino también es un derecho. Un derecho que, en el caso de 842 millones de niños, mujeres y hombres que pasan hambre en el mundo, es pisoteado cada día.El derecho a la alimentación es el eje central de la campaña de Caritas “Una sola familia humana, alimentos para todos”.

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Donde la Gracia está

Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

Reina y Madre, Virgen pura, que sol y cielo pisáis, a vos sola no alcanzó la triste herencia de Adán. ¿Cómo en vos, Reina de todos, si llena de gracia estáis, pudo caber igual parte de la culpa original?  De toda mancha estáis libre: ¿y quién pudo imaginar que vino a faltar la gracia en donde la gracia está?” Es hermoso este romance de Francisco de Borja (1577-1658) que recitamos en la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen. En el tiempo del Adviento, la fiesta de la Concepción Inmaculada de María nos alienta en el camino de la esperanza. Somos conscientes de nuestros errores y pecados. A pesar de ellos, Dios ha querido ofrecer a la humanidad un horizonte de perdón y de misericordia, de gracia y de belleza. Esta fiesta de María nos lleva a celebrar esta nueva creación. Nuestra oración de hoy brota de una íntima alegría. La de saber que lo que perdió EVA, “la madre de todos los que viven”, ha sido felizmente recuperado gracias al AVE que el ángel Gabriel dirige a María, Madre de todos los redimidos. Hoy se nos repite el relato evangélico de la Anunciación a María. En él escuchamos las palabras que le dirige el ángel del Señor: “María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios”. Ese saludo convierte a María en imagen de todo el género humano. Con él se inicia el gran Adviento de la historia humana. Con él renace la esperanza. Desde lo más hondo de su existencia, María refleja fielmente la misericordia de Dios y sabe traducirla en fidelidad. Dios nos crea y nos sostiene. María gozó durante toda su vida de la plenitud de la gracia y de la salvación. Fue una persona fiel en todo al proyecto de Dios. También a nosotros, Dios se nos da gratis, pero espera nuestra respuesta. La sintonía de María con la salvación ofrecida por Dios a la humanidad es un don gratuito, pero encontró en ella una respuesta libre y generosa. Muy pobre es nuestra fe si no logra superar el temor y no nos ayuda a aceptar el don de la gracia que Dios nos ofrece cada día.

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Cinco años, un ayer que pasó

Parece que fue ayer cuando llegué a esta parroquia, pero no. Aunque cueste creerlo, he tenido que recurrir a archivos de mi llegada a la parroquia para convencerme a mí mismo de que llevaba cinco años; sabía que llevaba un tiempo considerable, pero no sabía cuántos años porque cuando uno lo pasa bien con su feligresía no está contando los días. Cómo pasa el tiempo, decimos todos. Pero la verdad es que el tiempo pasa de prisa o lento según se encuentre uno. Que haya pasado este tiempo sin darme cuenta, es señal de que he estado a gusto entre vosotros, mis querido parroquianos, que tengo que dejar porque las necesidades pastorales de la diócesis lo han requerido así.

Es verdad que tenemos nuestros afectos, porque cada uno tiene su corazoncito. En cambio, quiero que entendáis que los curas formamos parte de los bienes de que dispone Nuestro Señor Jesucristo para bien de su Iglesia, los cuales nuestros feligreses tienen que saber compartir. Vengo de otras parroquias, hasta ahora he estado entre vosotros y ahora me voy a otra, y creo que todo es para bien de la Iglesia y mi crecimiento personal como sacerdote.

Las despedidas no son buenas, sobre todo si no hay en el horizonte, lejano o próximo, una fecha de vuelta. Por eso no quiero hablar de despedida, tampoco quiero decir como me van diciendo por la calle “¿te vas de la parroquia?”, no me siento que me vaya, sino simplemente que me cambian de parroquia. Porque todos vosotros sois feligreses de la única Iglesia de Dios que peregrina en Madrid y a la que sigo sirviendo en el ministerio sacerdotal, a pesar de mi indignidad, de mis limitaciones y de mis pesares. Por eso no os dejo, porque voy a servir a esta misma Iglesia en otro barrio.

Me voy muy agradecido por el trato, el cariño y la acogida que he recibido entre vosotros durante estos cinco años. Y doy gracias a Dios por todo lo que he aprendido de vosotros.

Y también pido perdón por las veces que no he respondido a las expectativas que esperabais de mí. A todos los que he podido dar mala imagen de la Iglesia de Cristo, perdón.

Y por encima de todo, GRACIAS A CADA UNO DE VOSOTROS POR ESTOS CINCO AÑOS QUE HEMOS CAMINADO JUNTOS EN LA FE.

 Joaquín Abaga, pbro.

Gracias, Joaquín

Hace ya algún tiempo que llegué a la parroquia como párroco. Al tomar posesión de la misma, ya estabas tú aquí; llevabas unos años. Desde entonces hemos trabajado codo con codo en esta pequeña porción de  la iglesia universal que se nos ha encomendado a nosotros humildes trabajadores de la viña del Señor.

Ahora, cuando lo normal es hacerlo a inicio del curso, te cambian de destino a la parroquia de San José Obrero en el camino viejo de Leganés. Cuesta entender estas decisiones y por tu corazón y el mío y el de los parroquianos pasan muchas preguntas después de la sorpresa inminente de tu marcha. Solo sé que nosotros somos hormigas que trabajamos por el reino de Dios por un jornal tan grande y tan hermoso que hace que no haya trabajo grande y en nuestro día a día nos vamos vaciando en la misión que nos han encomendado nuestros superiores que, volando alto como las águilas, ven desde arriba y desde otra perspectiva las necesidades que surgen en la iglesia a las que tienen que poner remedio y para ello tienen que echar mano de los mimbres que tienen.

Nosotros tantas veces podemos caer en la tentación de no entenderlo o que en nuestro corazón surjan temores y miedos. Te aconsejo que fijes tu mirada en Abrahán, Dios le pidió salir de su tierra,  a nosotros nos pide constantemente eso, pero con la certeza, no de una tierra, sino de la eternidad.

Podría enumerar todas las cosas hermosas y buenas que tu persona ha realizado en esta parroquia en estos cinco años que has estado aquí, que no son pocas,  pero no es el caso. Nosotros pasamos, nuestras obras quedan, ellas hablarán por ti; no obstante me tomaré la licencia de decirte desde lo más profundo de mi corazón y el de todos los parroquianos gracias. Es la palabra más sencilla y la más entendible por todos y la que mejor expresa nuestro sentimiento parroquial a tu dedicación, nuestra sinceridad a tu   constante y entrega generosa en el cuidado  de esta parroquia del alba a la tarde.

Querido Joaquín animo, donde vas encontrarás una comunidad que te acogerá como lo ha hecho la parroquia que dejas. Un abrazo muy fuerte, siempre en nuestro corazón.

Nuestro Vicario parroquial nos deja

Tras cinco años de trabajo pastoral en nuestra parroquia, nuestro querido Joaquín Abaga ha sido trasladado a la Parroquia de San José Obrero, donde ejercerá su ministerio a partir de ahora.

Le deseamos que en su nuevo destino sea acogido con el mismo cariño con que le acogimos nosotros cuando vino a nuestra parroquia.

Gracias, Joaquín, por tu cercanía