El pan cotidiano y el pan eucarístico

Dios mismo se ha hecho pequeño, para poder ser nuestro alimento

¿Por qué hay realmente tanta hambre en el mundo? ¿Por qué hay niños que tienen que morir de hambre, mientras que otros se ahogan en el exceso de abundancia? ¿Por qué siempre el pobre Lázaro, olvidado, tiene que esperar ansiosamente para recoger las migajas del libertino rico, sin poder atravesar el umbral? Ciertamente no por el hecho de que la tierra no pueda producir pan para todos. En los países de Occidente se destruyen frutos de la tierra para sostener los precios, mientras que en otros lugares muchas personas mueren de hambre. El hombre descubre antes medios de destrucción que nuevos caminos para la vida, porque nuestras almas están infraalimentadas, porque nuestro corazón está enceguecido y endurecido: el corazón no indica el camino al entendimiento. El mundo está en desorden, porque nuestro corazón está desordenado, porque le falta el amor que podría mostrar el camino hacia la justicia.

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Testigos de la resurrección

Cuatro jóvenes de nuestra Parroquia han elegido dar testimonio de fe

El pasado domingo, solemnidad de Pentecostés, celebramos con alegría, que cuatro de nuestros hermanos (Kevin, Erika, Katerine y Ángeles), miembros de nuestra parroquia, ante la comunidad parroquial, recibieron, mediante la imposición de manos y la unción crismal, el Sacramento de la Confirmación, renovando así la relación de amor con Dios, que iniciaron en su nombre sus padres con el Sacramento del Bautismo y recibiendo, cuando conmemoramos (no podía ser mejor día), el Espíritu derramado sobre los Apóstoles, ese mismo Espíritu Santo.

Y es que Ángeles, Katerine, Erika, y Kevin no concluyeron el pasado domingo ningún recorrido, sino más bien, están invitados a ello: lo iniciaron. Apoyados con la fuerza del Espíritu Santo están invitados, como lo estamos todos, a imitar a Cristo, y a ser, como los Apóstoles en Pentecostés, testigos de su resurrección.

El camino hasta aquí no ha sido fácil. No está de moda confirmarse, como no está de moda comprometerse. No está de moda escuchar y no es fácil, ante los amigos, los compañeros de clase o los compañeros de trabajo, explicar qué hace uno en una parroquia, porqué se prepara para un Sacramento, o simplemente, es difícil explicar ante otros jóvenes, que el domingo celebramos la Eucaristía.

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La Santísima Trinidad

Un solo Dios en tres Personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

La Iglesia dedica el siguiente domingo después de Pentecostés a la celebración de la Santísima Trinidad. Este misterio no lo podemos entender con la razón. Es algo que sólo podemos comprender cuando Dios nos lo revela.

El misterio de la Santísima Trinidad –Un sólo Dios en tres Personas distintas–, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en Sí mismo.

Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los Apóstoles. Después de la Resurrección, comprendieron que Jesús era el Salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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Pentecostés: la Promesa del Espíritu Santo

El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús

Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (Jn 14, 16-17). Más adelante les dice: “Os he dicho estas cosas mientras estoy con vostros; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése os enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho.” (Jn 14, 25-26). Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Os conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado..., muchas cosas tengo todavía que deciros, pero no os las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa... y os comunicará las cosas que están por venir” (Jn 16, 7-14).

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Nueve y Pico

Hace nueve años y pico vinimos a la parroquia a bautizar a María. Ella no se acuerda, claro. Ese día pedimos para ella el bautismo, es decir, que recibiera el agua de la Salvación de Jesús, y que pasara a tener, además de su familia natural, su Gran Familia entre los que seguimos a Jesús.

Entonces María era un bebé y sus padres y padrinos sostuvimos la vela encendida del cirio. La Luz de la fe que se nos dio y que en su nombre prendimos. Ahora es nuestra hija, con sus nueve años y pico, quién puede sostener otra vela del mismo Fuego que no se consume.

Esta semana ha sido complicada y estresante, preparativos, la ropa, los detalles, los nervios, es decir, lo que es poco importante.

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San Isidro: El que siembra el bien, bien recoge

El 15 de mayo celebramos la festividad de nuestro patrono: San Isidro. Sus padres eran unos campesinos sumamente pobres que no pudieron enviar a su hijo a la escuela, pero en casa le enseñaron el temor a ofender a Dios, un gran amor hacia el prójimo y un enorme aprecio por la oración, por la Santa Misa y la Comunión. Huérfano y solo en el mundo, cuando llegó a la edad de diez años, Isidro se empleó como peón de campo, ayudando en la agricultura a Don Juan de Vargas, dueño de una finca. Allí pasó muchos años de su vida labrando tierras, cultivando y cosechando. Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa: Santa María de la Cabeza (llamada así porque su cabeza se saca en procesión, cuando pasan muchos meses sin llover).

Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su día de trabajo sin haber asistido antes a la Santa Misa. Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón por "ausentismo" y abandono del trabajo. El señor Vargas se fue a observar el campo y notó que sí era cierto que Isidro llegaba una hora más tarde que los otros, pero que mientras Isidro oía misa, un personaje invisible (quizá un ángel) le guiaba sus bueyes y estos araban juiciosamente.

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