La Ascensión del Señor

Cuando se cumplen los cuarenta días después de la resurrección, conforme al relato de san Lucas, en su Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles, celebramos la solemnidad de la ascensión del Señor. Como el Pueblo de Dios anduvo cuarenta días en su Éxodo del desierto hasta llegar a la tierra prometida, así Jesús cumple su Éxodo pascual en cuarenta días de apariciones y enseñanzas hasta ir al Padre. La Ascensión es un momento más del único misterio pascual de la muerte y resurrección de Jesucristo, y expresa sobre todo la dimensión de exaltación y glorificación de la naturaleza humana de Jesús como contrapunto a la humillación padecida en la pasión, muerte y sepultura.

Por tanto, con la fiesta de la Ascensión del Señor, se cierra el ciclo de las apariciones de Cristo sobre la tierra y que seguirá dando de qué hablar a muchas generaciones más. Y es nuestra alegría porque Cristo ha triunfado: bajó Dios, y subió “hombre”, es decir, es ahora el Dios-hombre que invita a nuestra humanidad a dejar las tontas diferencias raciales, económicas, sociales, culturales y folclóricas, para convertirnos en la familia que camina unida a la Casa del Padre.

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Celebrar la Pascua es conmemorar el triunfo de la vida sobre la muerte

La Pascua, es la fiesta central del cristianismo, pues Cristo, muerto y resucitado, es el centro de nuestra fe cristiana. La Pascua es manifestación de alegría, visible y contagiosa, que renace de un corazón renovado por el encuentro con el Señor Resucitado y el descubrimiento de su presencia cotidiana en los hermanos, aun en las circunstancias tan particulares de la historia que estamos viviendo. Cristo vive y sigue peregrinando con nosotros. La Pascua es un acto profundo de amor y preocupación de Dios por su pueblo. ¿Somos todos los cristianos conscientes de esto? ¿Lo aceptamos como verdad? O sólo es una fecha en la cual nos sentimos obligados a reunirnos en familia o ir a misa.

Celebrar la Pascua es conmemorar el triunfo de la vida sobre la muerte. La resurrección de Jesucristo no es sólo "un hecho religioso" que se produce en el interior de la intimidad y el silencio de cada uno de nosotros; sino que más bien transforma toda la vida de las personas; renueva a los hombres, a la creación. Nos enseña a vivir y a ver todo desde una perspectiva resucitada. Junto a Cristo, los cristianos debemos celebrar también nuestra propia Pascua, nuestra resurrección. ¿Qué implica vivir hoy como resucitados? ¿Cómo se puede celebrar la resurrección, de forma razonable, en un mundo donde estamos rodeados de violencia, hipocresía, consumismo, injusticias?

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La Fe mueve montañas

Crónica del viaje de la fe

Entusiasmados y movidos por la Fe un Grupo de 86 personas entre niños, jóvenes y adultos vecinos y amigos de esta comunidad parroquial, realizamos un recorrido hacia Maluenda una pequeña localidad de la provincia de Zaragoza, en donde se encuentra un gran tesoro religioso: La iglesia de Santa Justa y Santa Rufina, un hermoso lugar en donde nos aguardaba impaciente el párroco Don Christian, que esperaba al grupo que venía de Madrid, para enseñarles la iglesia donde se encuentra un hermoso retablo que representa la pasión de Cristo y la vida de amor y entrega en su fe de las santas Justa y Rufina.

Una explicación de la arquitectura de la iglesia dio inicio a la visita, para, ya en su interior, maravillarnos con lo que teníamos ante nuestros ojos, y que poco a poco fue descrita por las personas que se adentraron en la historia para conocer con detalle el arte, el trabajo y las culturas que lo realizaron. Pero el fondo de su interpretación es la Fe que representa dicho retablo que, más allá de conocer su valor artístico, tiene su valor espiritual representando el Credo en sus pinturas.

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La resurrección de Jesucristo marca la historia de la humanidad

Reflexiones sobre la Pascua

La resurrección de Jesús es el hecho central de la historia de la salvación. El Calvario no fue el último acto de la obra del Señor. La cruz y la muerte de Jesús, culminación de su obra, condujeron a su resurrección.

La resurrección de Cristo es un misterio de la fe y, al mismo tiempo, es un acontecimiento real que ha tenido manifestaciones históricas constatadas. Los apóstoles fueron testigos oculares del Resucitado. Cada Pascua resuenan las palabras del ángel a las mujeres que seguían a Jesús: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. ¡Ha resucitado!» Pedro y Juan fueron al sepulcro al amanecer del domingo y lo encontraron vacío. Este fue el primer paso hacia el reconocimiento del hecho de la resurrección del Señor. «El discípulo amado de Jesús» afirma que «vio y creyó», una clara constatación tanto del hecho histórico de la resurrección de Jesús como de su significado a la luz de la fe.

San Pablo habla de la tradición viva de la resurrección que él recibió después de su conversión ante las puertas de Damasco. La fe en la resurrección de Jesús es el corazón mismo de la fe cristiana. Por eso afirma: «Si Cristo no hubiera resucitado, no tendría sentido alguno nuestra predicación, ni tampoco vuestra fe».

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Campamento 2013

Del 25 al 30 de junio será el campamento en Jarahonda (Los Molinos –Madrid-).

Inscripción en el despacho parroquial y los precios son los mismos del año pasado

María acompaña nuestra Pascua

En mayo, la piedad popular rinde homenaje a su Madre del cielo

La celebración del mes de mayo en honor a María tiene relación con la primavera, estación de las flores. En la piedad popular se expresa un homenaje a la Virgen, la creatura más pura y más bella de todo el universo. Evocando el pasaje del Cantar de los Cantares: aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones ha llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra, los fieles dirigen a María, en el mes de mayo, sus plegarias y sus cantares, como señal de devoción y fe, de gratitud y amor filial.

El mes de mayo tiene su preludio en la Edad Media. El primero que asoció el mes de mayo con la figura de María fue Alfonso X El Sabio, Rey de Castilla y León (1284). Una de sus Cántigas dedicada a celebrar las fiestas del tiempo de mayo, ve en la devoción a María el modo de coronarla dignamente y venerarla con gozo. Invita a invocar a la Virgen para conseguir bendiciones espirituales y materiales. En Roma, el mes Mariano comenzó a perfilarse con San Felipe Neri (+1596); durante ese mes el santo florentino enseñaba a los jóvenes a hacer obsequios a la Virgen, adornando con flores sus imágenes, cantando alabanzas en su honor, realizando actos de virtud y mortificación. Después del Concilio de Trento (1545-1563), que realizó la Contrarreforma en la Iglesia Católica, sobre todo los Dominicos y los Jesuitas promovieron el mes de mayo con el rezo del Rosario, ofrenda de flores a María y catequesis popular. Después de la definición dogmática de la Inmaculada (Pío IX, 8 de diciembre de 1854), se consolida esta devoción popular y varios Pontífices la enriquecen con indulgencias.

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