¿Qué exige el Señor de nosotros?

Yo soy de Pablo; yo soy de Apolo; yo de Cefas; yo de Cristo.” Con estas palabras, tomadas de la primera carta a los Corintios, el apóstol Pablo corregía con caridad a la comunidad cristiana de esa ciudad por que le habían llegado informaciones de la división que se estaba gestando dentro de la misma y las posiciones que algunos miembros iban tomando. Ahora, vamos a hacer una reflexión sobre la unidad de los cristianos:

Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre. Esa es la meta de todo seguidor de Cristo. Y en cambio, a lo largo de la historia, sus mismos seguidores se han encargado en generar y en crear divisiones, como si Cristo se hubiera dividido o tomado parte por unos o por otros. Causa un gran dolor ver a la familia cristiana dividida. Por eso urge abrir nuestro corazón y orar al Padre junto con Cristo, iluminados por el Espíritu, haciendo nuestras las palabras que el Señor pronunció en la Última Cena: “Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Juan 17,11).

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Nacer de nuevo

Los padres debemos ser los primeros transmisores de la fe

Nacer de Nuevo. Así se titula la proyección con la que, salvo imprevistos técnicos, comenzamos la charla o catequesis prebautismal para los padres que van a bautizar a sus hijos en Santa Justa y Santa Rufina.

“Nacer de Nuevo”, refleja la esencia de lo que es el Bautismo para nosotros: hemos nacido a la vida por nuestros padres y nacemos de nuevo a la vida cristiana cuando recibimos el Bautismo.

Es algo tan grande, que nos parece importante reflexionar sobre ello cuando los padres tomamos la decisión de pedir el Bautismo para nuestros hijos, cuando decidimos que queremos que nuestros hijos nazcan de nuevo a la vida con Cristo

Cuando damos un paso importante en nuestras vidas: decidimos empezar unos estudios que serán nuestra profesión, casarnos con la persona elegida, tener hijos..., pensamos mucho en los motivos y razones de peso que tenemos para nuestra decisión, en el esfuerzo personal que nos exigirá y en cómo modificará nuestra vida.

Para los que somos padres, lo más importante de nuestra vida son nuestros hijos, por eso, tras la proyección inicial, solemos comenzar preguntando a cada uno de los padres por qué  piden el Bautismo para sus hijos.

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Bautismo del Señor

Cada cristiano debe reconocer la grandeza de pertenecer a la familia divina

Cristo, para sentirse solidario hasta el extremo con su pueblo, se somete a un rito de purificación, aunque él personalmente no tuviera pecado. En la celebración del bautismo del Señor debemos reconocer la humildad, la sencillez, la solidaridad de Cristo con todos los que intentamos alejar de nosotros el pecado y la maldad y, sobre todo, debemos reconocer la manifestación de su identidad divina.

En el bautismo de Cristo aparece la triple relación con Dios: el Padre le llamó Hijo y el Espíritu Santo descendió sobre Él. Por medio del bautismo nosotros entramos en la “familia” de Dios: somos adoptados como hijos de Dios Padre; como consecuencia, somos hermanos del Hijo, Cristo; y somos templos del Espíritu Santo. Desde este momento, la vida divina, la vida que corre entre las tres divinas personas, corre en nosotros. El Papa San Gregorio Magno decía a los cristianos de entonces:“¡Cristiano, reconoce tu dignidad!”.

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Epifanía del Señor

Jesús era la "Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte"

Con los pastores pasó, hace unos días, un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio, cuando vieron una extraña pero clara visión de ángeles que decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casuco, estaba el Niño del que les hablaban, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia, según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la "Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte", de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar ese milagro tan claro. Lo habían dicho los ángeles, y resultó que tenían razón.

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Roscón parroquial

Para comenzar el año con espíritu de comunidad y unión, el pasado cuatro de enero celebramos, como ya viene siendo tradicional en nuestra parroquia, el Roscón Parroquial. Iniciamos la celebración con una breve oración, para, a continuación, repartir entre los asistentes, los ejemplares de este año del Evangelio de Cada Día. Para finalizar tuvimos la suerte de compartir todos juntos el rico chocolate y el clásico roscón.

Feliz 2013


El Santo Hogar de Nazaret

El Santo Hogar de Nazaret

En este primer domingo después de la Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. La mirada de fe nos permite abrazar al mismo tiempo al Niño divino y a las personas que están con él: su Madre santísima, y José, su padre adoptivo. La imagen de la Sagrada Familia irradia una luz de misericordia y salvación para el mundo entero, luz de verdad para todo hombre y para toda y cada una de la familia humana. Es
hermoso ver a los esposos reflejarse en la Virgen María y en su esposo José como familia prototipo.

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