Domund 2015: Misioneros de la Misericordia

Este domingo del Domund, 18 de octubre, volvemos a recordar a los miles de cristianos, religiosos y laicos, que llevan la Fe, el Amor y la Palabra de Dios hasta los confines de la Tierra. Y este año, a punto de comenzar el Año Jubiliar de la Misericordia, se hace más necesario que nunca la Misión a la que todos los cristianos estamos llamados: Llevar hasta esos confines, la Misericordia del Padre, la Alegría del Evangelio.

Siempre que evocamos el Domund nos viene a la mente los sobres del colegio para dar dinero a las misiones, o aquellas huchas (que durante mucho tiempo eran exóticos rostros del mundo) con las que muchos hemos pedido dinero por la calle. Y hoy, en un mundo tan globalizado, tan ancho y estrecho a la vez, todo aquello sigue vigente, tal vez con menos exotismo, pero con más realidad. En un mundo que cada vez parece más pequeño, por que podemos conocer mucho más que antes sobre culturas, tierras y tradiciones, pero en la que las distancias de las diferencias entre los paises ricos y pobres son tan grandes, es más necesario que nunca llevar al mundo la Verdad: todos tenemos un Padre Misericordioso que quiere que seamos felices.

Y en todos los rincones de la tierra hombres y mujeres que dejaron todo por Él dedican cada latido de vida en ser el rostro de esa misericordia. Los misioneros, como otras personas que cooperan con los demás, alimentan, enseñan, curan y defienden a aquellos que menos voz tienen en este mundo tan pequeño. Pero los misioneros de Cristo no se quedan ahí. No solo alimentan, enseñan, curan y defienden. Los misioneros de Cristo se hacen Cristo, y como Él lloran con lo que lloran, y cada uno de ellos son testimonio humano de la misericordia: en el nombre de Jesucristo instruyen, aconsejan, consuelan, confortan, perdonan y ayudan a perdonar y sufren con paciencia. Ellos dan de comer al hambriento, dan techo al que no lo tienen, visitan a los enfermos y los presos y acompañan al que lo necesita hasta el final.

Y si es preciso entregan su vida con amor. Con amor ante los que defienden, y si es preciso, con amor sin fin hasta a quien se la quita. Como Cristo en el Calvario

Por eso, en este Domingo Mundial de las Misiones pedimos. Pero este año pedimos más. Pedimos tres cosas.

Pedimos dinero, porque todo lo anterior requiere formar y enviar misioneros, y sostener sus proyectos. Hace falta ayuda material. La colecta de este domingo la dedicaremos para ello.

También pedimos un compromiso. Cada uno de nosotros podemos ser Misioneros. No es necesario irnos lejos. Los confines de la tierra (las periferias, como le gusta decir al Papa Francisco) también están en nuestra propia vida, en nuestra casa, en nuestra escalera, en nuestro barrio. Los confines de la tierra empiezan en tu lugar de trabajo o de estudios: Lleva la Misericordia de Dios allá donde estés.

Y lo último, lo más importante. Pedimos un poquito más. Recemos por ellos. Oremos por los misioneros que llevan a Cristo a todos los rincones del mundo y por las personas con las que están. Por todos eso, en este Domund llevemos el corazón de Cristo. Seamos sus pies para caminar y sus manos para dar, y que el mundo vea Su Misericordia en el ejemplo de los que son enviados a los confines de la tierra, y en la vida de cada uno de nosotros.

PDE: Plan Diocesano de Evangelización

Como ya hemos anunciado en otros momentos, homilías, hoja parroquial, encuentro de grupos parroquiales, este año se inicia el Plan Diocesano de Evangelización. Es una propuesta y un proyecto que D. Carlos Osoro quiere llevar a cabo en nuestra Diócesis. Está diseñado para tres años. Cada curso tendrá sus propias conclusiones y se tomaran decisiones para el futuro de nuestra diócesis

Su desarrollo será como sigue: Primer año: (2015-2016): La conversión pastoral para una transformación misionera de la iglesia en Madrid; Segundo año: /2016-2017): Desafíos, retos, tentaciones y posibilidades para la evangelización hoy en Madrid; Tercer año: 2017-2018):  El pueblo de Dios que vive en Madrid  anuncia el evangelio y trata de dar respuesta a los problemas personales y sociales que hay en nuestro mundo.

Método de trabajo: Reflexión siguiendo esquema de la lectio Divina, es decir, mirando al cielo, escuchando lo que Dios nos dice en su Palabra  y contemplando en la tierra las situaciones que viven los hombres y las mujeres.

Esto se hará en grupos de  pequeños, tendremos el material, y las conclusiones llegarán al Sr Arzobispo y su equipo que las utilizarán para elaborar el Plan Diocesano de Pastoral.

D.Carlos Osoro nos invita a participar en los grupos parroquiales a todos aquellos que formamos parte de la Iglesia que camina en Madrid y juntos descubrir lo que Dios quiere de nosotros, iluminados por el Espíritu Santo. Esto lo llevaremos a cabo en Comunión y Misión en el anuncio de la Alegría del evangelio;  nos toca a nosotros anunciar a Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, y hacerlo creíble en el momento de la historia que nos ha tocado vivir.  En Él se ofrece la salvación a todos los hombres como don de la gracia y la misericordia.

En nuestra parroquia ya se han constituido varios grupos y he hablado con ellos; han mostrado entusiasmo y  disponibilidad. Sería bueno que surgieran más grupos, el Sr Arzobispo pide nuestra colaboración y debemos responder a su solicitud. Sería un encuentro una vez al mes, el lugar y tiempo de trabajo lo decidiría cada grupo.

Las personas interesadas pasar por el despacho parroquial para apuntarse y organizar los grupos.  La edad desde los jóvenes hasta los mayores. Todos tenemos experiencia cristiana para iniciar este recorrido y travesía espiritual que dará buenos frutos en nuestra Iglesia diocesana.

Año jubilar de la parroquia

Con motivo del 50 aniversario de nuestra parroquia, la Santa Sede ha concedido el Año Jubilar en nuestra parroquia entre el 12 de julio de 2015 y el 12 de junio. Especialmente se obtendrá en las eucaristías de los días:

  • 12 de julio de 2015 (apertura)
  • 13 de diciembre de 2016
  • 6 de marzode 2016
  • 10 de abril de 2016
  • 12 de junio de 2016 (clausura)

CONDICIONES PARA GANAR EL JUBILEO

  1. Confesión quince días antes o después de la fecha elegida
  2. Participar en la Eucaristía y comulgar
  3. Orar por las intenciones del santo Padre.

 

Vivir en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

La señal de la Cruz es el signo de los cristianos e invocamos a la Santísima Trinidad. Podemos decir que invitamos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo que nos acompañe, que estén presentes no solo en nuestra vida, sino también en todo lo que realizamos. Por eso es bueno cuando nos vamos a acostar hacer la señal de la Cruz. Así le pedimos a Dios Padre, a Jesús nuestro hermano y amigo y al Espíritu Santo, el Dios de la Unidad que velen por nosotros, que nos asista y nos guarde mientras dormimos. También cuando nos despertamos por la mañana, hacer la señal de la Cruz pidiéndoles nos acompañen durante el día. De esta forma estaremos acompañados de día y de noche por el Dios Uno y Trino.

 

La Trinidad es una verdad que la fe impone, pero que no llega a transformar del todo nuestras vidas. Y sin embargo al revelarnos el misterio de la Trinidad, Dios nos ha revelado que él vive la vida más cercana y parecida a la nuestra, la vida de familia, en la que hay entrega total, comunicación entera y absoluta complacencia. Dios ha revelado que su vida es toda ella don, amor, alegría de amar y de ser amado. Dios es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo.

La Trinidad no es una teología complicada y matemática que oscurece la imagen de Dios, sino que es la manifestación explícita y asequible de la verdad de Dios. ¿Cómo es nuestro Dios?

Dios es Padre, es decir, fuente inagotable, inmortal e infinita de todo cuanto existe; principio de unidad y generosidad; signo del amor que no pasa nunca y garantía providente del gobierno de la vida, nos ha creado y hecho una historia preciosa y llena de amor que muchas veces no nos gusta y queremos cambiarla. Por qué hay acontecimientos que no entendemos: enfermedades, situación de paro, problemas familiares, estudios, etc. Y es imposible ver en el sufrimiento el amor de Dios Padre, y decir que es su voluntad, por eso nos manda el remedio, su Hijo Jesucristo que morirá por cada uno de nosotros.

Dios es Hijo: El que manifiesta al Padre, el que publica su gloria, el que es imagen purísima: Dios de Dios, Luz de Luz, como confesamos en el Credo.  Es Cristo al que el Padre en su infinita misericordia nos lo ha enviado para salvarnos de la muerte y del pecado de querer ser como dioses y cambiar la historia en él podemos ver el amor del Padre y entrar en nuestro día a día aceptando los acontecimientos de nuestra vida como voluntad del Padre aunque muchas veces son dolorosos e incluso traumático, pero no nos debemos escandalizar,  sino como Pedro decirle;  Señor tú lo sabes todo tu sabes que te quiero. Cristo es la buena noticia, él ha roto toda esclavitud del pecado y nos quiere, ama, perdona como somos sin exigirnos que cambiemos, él lo hará gratis en nosotros completando la obra del Padre llevándola a término.

Dios es Espíritu. La entrega del Padre al Hijo y del Hijo al Padre es una realidad tal que se convierte en una Persona, en un Espíritu de amor y entrega. Es transparencia del espíritu de unión y de vida de la Trinidad Santa. El Espíritu Santo sostiene nuestra vida, que se nos da sin medida en la Iglesia católica y hace posible la comunión de los santos, que experimentos el perdón de nuestros pecados y la vida eterna, aquí y ahora, no para cuando nos muramos, sino en el hoy de nuestra vida cotidiano, es el Espíritu que nos ayuda a rezar, perdonar, sacudirnos de la pereza, estar contentos servir a los hermanos, etc.

Por tanto, como María digamos si al proyecto de Dios Padre, sabiendo que su Hijo en su infinito amor siempre nos salvará y como ella dejémonos que Espíritu Santo nos cubra con su sombra y en nuestras precariedades seremos asistidos y sostenidos.

Plan Diocesano de Evangelización

El señor Arzobispo de Madrid, D. Carlos Osoro, nos ha propuesto a toda la Diócesis un Plan Diocesano de Evangelización que abarcará los tres próximos cursos (de 2015- 2018).

Nos invita a todo el Pueblo de Dios a acoger con alegría el don de la comunión que Jesús nos trae y  a la que nos incorpora, y a responder  de nuevo, y con renovado vigor, a la llamada que hizo a sus discípulos y que nos hace a todos nosotros: “Id a todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación”.

Somos conscientes de que, como iglesia, presente en cada parroquia, nuestra misión es un servicio que  Dios nos pide  y en el que Él nos antecede con su gracia

Por ello pide que en las parroquias se creen grupos de fieles cristianos  para llevar a cabo un proceso de formación, reflexión sobre nuestra fe. Estos grupos estarían formados por diez o quince persona que se reunirían una vez al mes.

En estos grupos se trabajaría con el material que la Diócesis nos enviaría en cada momento siguiendo estos cuatro pasos: Escuchamos, meditamos, Oramos, contemplamos y actuamos.

¿Quiénes estamos llamados a participar en estos grupos? Todos los fieles cristianos, los sacerdotes, diáconos, los miembros del consejo de pastoral, los agentes de pastoral de las parroquias: catequistas, caritas matrimonios,  los que frecuentan la parroquia y se reúnen en el día del Señor, los miembros Institutos de vida consagrada,  los que conservan su fe católica y la expresan de  diversas maneras.

Se pretende hacer realidad el deseo del Papa Francisco que brota de la necesidad de una transformación misionera de la Iglesia en nuestros tiempos. La iglesia existe para evangelizar.

Por ello es necesario, que aquellos que quieran participar en estos grupos, pasen por el despacho parroquial y lo comuniquen a los sacerdotes para una mejor organización y gestión de este proyecto de nuestro Arzobispo, pastor de la Diócesis de Madrid.

La familia en Misión

EDUCAR EN VALORES CRISTIANOS MEJORARÁ EL MUNDO

La educación de los hijos es una tarea principalmente de los padres, que son los responsables de formar a los niños, futuro de nuestra sociedad. De ahí, la importancia de hacerlo en los valores de solidaridad, empatía, bondad,… Pero se hace tarea difícil por el ritmo de vida actual. En palabras del Santo Padre, “la vida se ha convertido en avara de tiempo para hablar, reflexionar, confrontarse. Muchos padres están ‘secuestrados’ por el trabajo y por otras preocupaciones, avergonzados de las nuevas exigencias de los hijos y de la complejidad de la vida actual, y se encuentran como paralizados por el temor a equivocarse”. Se hace muy complicado educar a los niños cuando, por los trabajos y la vida cotidiana, les vemos sólo un rato por la noche, cuando todos estamos cansados ya por las tareas del día... A pesar de ello, sigue siendo labor fundamental de los padres.

Los padres de hoy, tendemos a confiar esa labor en los colegios y en los “expertos”, que han ocupado el papel de los padres también en los aspectos más íntimos de la educación; la vida afectiva, la personalidad y el desarrollo, los derechos y sus deberes, los ‘expertos’ saben todo (objetivos, motivaciones, técnicas,…). Y así, los padres corremos el riesgo de autoexcluirnos de la vida de nuestros hijos. En este sentido, el diálogo y la comunicación entre padres e hijos es fundamental, pero no es suficiente; es necesario saber en qué punto del camino se encuentran los niños, dónde y cómo está su alma.

Para ello, las comunidades cristianas están llamadas a ofrecer apoyo a la misión educativa de las familias, y lo hacen sobre todo con la luz de la Palabra de Dios. Porque para formar un futuro mejor para el mundo, es necesario hacerlo en el camino que Jesús nos mostró. Y en la base de todo está el amor, aquél que Dios nos dona, que “no falta al respeto, no busca su propio interés, no se enoja, no toma en cuenta el mal recibido… todo perdona, todo cree, todo espera, todo soporta” (1 Cor 13, 5-6). El mismo Jesús pasó a través de la educación familiar, creció en edad, sabiduría y gracia (cfr. Lc 2, 40.51-52). Y cuando dijo que “su madre y sus hermanos” son todos aquellos «que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc 8, 21), lo demostró hasta el límite de dar la vida por nosotros.

Porque la gracia del amor de Cristo lleva a cumplir lo que está ya inscrito en la naturaleza humana. De ahí, que educar a los niños como buenos padres cristianos, demuestra que “la buena educación familiar es la columna vertebral del humanismo. Su irradiación social es el recurso que permite compensar las lagunas, las heridas, los vacíos de paternidad y maternidad que tocan a los hijos menos afortunados. Esta irradiación puede hacer auténticos milagros”, decía este miércoles en su catequesis de la audiencia general el Papa Francisco.

Por todo ello -recordó Su Santidad- la Iglesia está llamada a acompañar la misión educativa de los padres, sobre todo con la luz de la Palabra de Dios, que funda la familia en el amor. Y concluyó la síntesis de esta catequesis afirmando que si la educación familiar “recobra su protagonismo”, muchas cosas cambiarán para bien. Porque como dijo el Papa, “es hora de que los padres y las madres regresen de su exilio, y se impliquen plenamente en la educación de sus hijos”.