Día de la Ascensión del Señor

En este séptimo domingo del Tiempo de Pascual nos reunimos con alegría para celebrar una fiesta de la santidad. Damos gracias a Dios que ha hecho resplandecer su gloria, la gloria de Amor en todos nosotros.

“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8). Con estas palabras, Jesús se despide de los Apóstoles. Inmediatamente después, el autor sagrado añade que “fue elevado en presencia de ellos, y una nube le oculto a sus ojos” (Hch 1,9). Este ser elevado se refiere a la toma de posesión de la realeza. Por tanto, la Ascensión de Cristo significa, en primer lugar, la toma de posesión del Hijo del hombre crucificado y resucitado de la realeza de Dios sobre el mundo. Es una acción del poder de Dios, que introduce a Jesús en el espacio de la proximidad divina. La presencia de la nube que “lo ocultó a sus ojos” (Hch 1,9) hace referencia a una antigua imagen del A.T. en el pueblo de Israel, desde la nube del Sinaí y sobre la tienda de la  Alianza en el desierto, hasta la nube luminosa sobre el monte de la Transfiguración. Presentar al Señor envuelto en la nube evoca, en definitiva, el mismo misterio expresado por el simbolismo de “sentarse a la derecha de Dios”.

En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios, el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El “cielo”, la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, que acoge plenamente y para siempre a la humanidad.

Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con él. Por tanto, la solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros.

Desde esta `perspectiva comprendemos por qué el evangelista san Lucas afirma que, después de la Ascensión, los discípulos volvieron a Jerusalén “con gran gozo” (Lc 24,52). La causa de su gozo radica en que lo que había acontecido no había sido en realidad una separación, una ausencia permanente del Señor; más aún, en ese momento tenían la certeza de que el Crucificado-Resucitado estaba vivo, y en él se habían abierto para siempre a la humanidad las puertas de Dios, las puertas de la vida eterna. De allí la fuerza de los discípulos llenos del Espíritu Santo, testimonian y anuncian a Cristo Resucitado. Al igual que ellos, también nosotros, aceptando la invitación de los “dos hombres vestidos de blanco”, no debemos quedarnos mirando al cielo, sino que, bajo la guía del Espíritu Santo, debemos ir por doquier y proclamar el anuncio salvífico de la muerte y resurrección de Cristo. Nos acompañan y consuelan sus mismas palabras, con las que concluye el Evangelio según san Mateo: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”(Mt 28,20)

 

Excursión a Ávila

 PARROQUIA  Santas Justa y Rufina de MADRID

       Excursión de un día a Ávila   conmemorando

500 aniversario de Santa Teresa de Jesús.

50 años de la fundación de NUESTRA Parroquia.

En nuestro itinerario coincidiremos en la misa de las 12 con la archidiócesis de Madrid.

NUESTRO PROGRAMA:

•     Salida a las 8,30 Plaza del mercado Jesuitas. Entrega de guión y explicaciones en autobús. Rezo de laudes

•     Llegada al Centro de Interpretación donde recogeremos las entradas

•     Explicación-plegaria ante la Anunciación extramuros de la Basílica Juradera de  San Vicente y su relación con la muralla.

•     Visita a Sta María de Gracia, primer convento en que se formó Teresa de Ahumada

•     12:00  h. MISA jubileo en el Convento que ocupa el solar donde ella pasó su niñez

•     14:00  Almuerzo en el comedor de un Hotel cercano a la Catedral.

•     Café en el patio de un Palacio Renacentista

•     Desde las 16 h tiempo libre y/ o visita a Capilla Mosén Rubí  e Iglesia de  San Juan

•     18 ,15h Salida de Plaza de San Vicente, desde el mismo lugar de llegada. Rezo de Vísperas

NOTAS: El orden de estos pasos, puede ser alterado a conveniencia de los horarios o por la afluencia de gente que forme filas

    Cada uno dispondrá de una sencilla guía para visitar los lugares teresianos. Existe también la posibilidad de adquirir una audioguía no incluida en el precio de la excursión

San José: Hombre de trabajo

El primero de mayo, celebramos la fiesta de San José Obrero y todos estamos invitados a mirar su ejemplo. "Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor... Servid a Cristo Señor" ( Col 3, 23 s.).San José, "hombre justo", pasó gran parte de su vida trabajando junto al banco de carpintero, en un humilde pueblo de Palestina. Una existencia aparentemente igual que la de muchos otros hombres de su tiempo, comprometidos, como él, en el mismo duro trabajo. Y, sin embargo, una existencia tan singular y digna de admiración, que llevó a la Iglesia a proponerla como modelo ejemplar para todos los trabajadores del mundo.

La diferencia estriba en su orientación a Cristo, que sostuvo toda la fatiga de San José. La presencia en la casa de Nazaret del Hijo de Dios e Hijo de su esposa María, ofrecía a José a diario, la razón para volver a inclinarse sobre el banco de trabajo, a fin de sacar de su fatiga el sustento necesario para la familia. Realmente "todo lo que hizo" José, lo hizo "para el Señor" y lo hizo "de corazón".

Todos los trabajadores estamos invitados hoy a mirar el ejemplo de este "hombre justo", y que la experiencia singular de San José, se refleje en la vida de cada uno de nosotros. Por muy diverso que sea nuestro trabajo, la actividad tiende siempre a satisfacer alguna necesidad humana, está orientada a servir al hombre. Por otra parte, el creyente sabe bien que Cristo ha querido ocultarse en todo ser humano, afirmando explícitamente que "todo lo que se hace por un hermano, incluso pequeño, es como si se le hiciese a Él mismo" (cf. Mt 25, 40). Por lo tanto, en todo trabajo es posible servir a Cristo, cumpliendo la recomendación de San Pablo e imitando el ejemplo de San José.

Siguiendo las enseñanzas de Jesús, todos los trabajadores del mundo deberíamos tomar renovada conciencia de la dignidad que nos es propia: debemos concienciarnos de que con nuestra fatiga, servimos a los hermanos: servimos al hombre y, en el hombre, a Cristo. Que San José nos ayude a ver el trabajo en esta perspectiva, para valorar toda su nobleza y para que nunca nos falten motivaciones fuertes a las que podamos recurrir en los momentos difíciles. 

Vela del Santísimo.

 LUNES 30 DE MARZO A LAS 18:00 REUNIÓN DE TODOS AQUELLOS QUE QUIERAN  PARTICIPAR EN LA VELA DEL SANTÍSIMO LOS DÍAS JUEVES Y VIERNES SANTO. LOS DE ARPU ESTARÁN PRESENTES. 

Dedicado a todas las madres

Mayo nos invita a rezar bajo la guía de María para que nos conduzca a estar cada vez más unidos a su hijo Jesús, a ella le llevamos nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, nuestras esperanzas y nuestras dificultades, pidiendo para todos nosotros, para España y para el mundo que nos done la salud. Si porque María nos da salud, es nuestra salud. Jesucristo con su Pasión, Muerte y Resurrección, nos trae la salvación, nos dona la gracia y la alegría de ser hijos de Dios, de llamarlo en verdad con el nombre de Padre. María es madre y una madre se preocupa por la salud de sus hijos, sabe cuidarla siempre con amor grande y tierno. La Virgen custodia nuestra salud. Por eso en este domingo que celebramos el día de la madre queremos obsequiarles estas palabras. Una mamá ayuda a los hijos a crecer bien, por ello los educa a no ceder a la pereza – que también se deriva de un cierto bienestar – a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales. En el evangelio de San Lucas dice que, en la familia de Nazaret, Jesús “iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él” (Lc 2,40). La Virgen hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad. Una mamá además piensa en la salud de sus hijos, educándoles también a afrontar las dificultades de la vida. No se educa, no se cuida la salud evitando los problemas, como si la vida fuera una autopista sin obstáculos. La mamá ayuda a los hijos a mirar con realismo los problemas de la vida y a no perderse en ellos, sino a afrontarlos con valentía, a no ser débiles, y saberlos superar, en un sano equilibrio que una madre “siente” entre las áreas e seguridad y las zonas de riesgo. Lleva al hijo no siempre sobre el camino seguro, porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso. Una madre sabe equilibrar estas cosas. Recordemos la parábola del Buen Samaritano que ve la situación y la afronta de una manera concreta. María ha vivido muchos momentos no fáciles en su vida y en la cruz nos la entrega en la figura de Juan como nuestra madre “Aquí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27) Una  buena mamá no sólo acompaña a los niños en los sufrimientos sino que los ayuda a tomar las decisiones definitivas con libertad. Esto no es fácil pero una madre sabe hacerlo. En este momento en que reina la filosofía de lo provisorio. Pero ¿qué significa libertad? Por cierto, no es hacer todo lo que uno quiere, dejarse dominar por las pasiones, pasar de una experiencia a otra sin discernimiento, seguir las modas del momento. La libertad se nos dona para sepamos optar por las cosas buenas en la vida. María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas con aquella libertad plena con la que respondió “sí” al plan de Dios para su vida (Lc 1,38).