Los Reyes Magos de Oriente

El día de Reyes, celebramos la Epifanía del Señor para recordar la Manifestación de Dios a todos los hombres con el relato de los Magos de Oriente que nos narra el Evangelio (Mt 2, 1-12 ). Aquellos hombres que buscaban ansiosamente simbolizan la sed que tienen los pueblos que todavía no conocen a Jesús. Simbolizan la necesidad de conocer la Verdad.

La Epifanía, en este sentido, además de ser un recuerdo, es sobre todo un misterio actual, que viene a sacudir la conciencia de los cristianos dormidos. Para la Iglesia la Epifanía constituye un reto misional: o trabajamos generosa e inteligentemente para manifestar a Cristo al mundo, o traicionamos su misión. La tarea esencial e ineludible de los cristianos es trabajar para llevar a Cristo a todos aquellos que no lo conocen.

 
La llegada de los Reyes Magos, que no pertenecen al pueblo elegido, nos revela la vocación universal de la fe. Todos los pueblos son llamados a reconocer al Señor para vivir conforme a su mensaje y alcanzar la salvación. La descripción que hace el Evangelio de la llegada de los Magos a Jerusalén y luego a Belén, la reacción de Herodes y la actuación de los doctores de la ley, encierra una carga impresionante de enseñanza: Unos hombres extranjeros que siguen el camino indicado por la estrella, para adorar al recién nacido Rey de los judíos; los conocedores de las Escrituras en Jerusalén que quedan indiferentes ante aquella luz del cielo, que anuncia el acontecimiento esperado por siglos; la envidia del rey Herodes ante el temor de que surja un rey "mayor" que él.

Ante este relato tan cargado de significado, nos queda reflexionar seriamente: ¿Somos como aquella Jerusalén, "conocedora de las Escrituras", pero incapaz de reconocer y menos de seguir el camino de la Luz de Cristo? O ¿somos como los Magos de Oriente, en búsqueda siempre de la Verdad y dispuestos a ponerse en camino hacia Jesús, Rey y Señor de la historia?