Crónicas de una inexperta voluntaria.

Lunes 15 de agosto de 2011, se convoca una reunión express. El primer grupo de peregrinos venidos desde Montegro y Albania anuncia que llegará a las instalaciones parroquiales al caer la noche.

Así empezó una agotadora pero constructiva semana que no dejó indiferente a nadie.

Como voluntario tu objetivo es claro: hacer la estancia de los peregrinos lo más agradable posible.

Te implicas con ellos al máximo y pasas a formar parte de sus vidas por una semana. Entonces ignoras que, algunos de ellos, pasarán a formar parte de la tuya para siempre.

En un mundo donde la gente rara vez se pone de acuerdo, es curioso ver a tantas personas unidas por la misma causa.

Hablas con ellos, buscando siempre el idioma en común en el que os sentís más cómodos los dos, y no dejas de admirar la cantidad de kilómetros que han recorrido respondiendo a una llamada:

la llamada del Papa, la llamada de todos aquellos organizadores de la JMJ y, a fin de cuentas, la llamada de un único Dios, que es lo que une a todo el mundo en una fe común y que es lo que hace que todo adquiera sentido.

Ese es el fondo, esa es la base: unas creencias y unos valores compartidos que se hacen fuertes en comunidad y que tienen como principal objetivo, mantener viva una historia que ocurrió hace más de 2.000 años y que revolucionó el mundo.

Conocer a gente te hace darte cuenta de que no estás solo. Que ser “el rarito” o “el diferente” en tu círculo cercano no implica ser el único.

¿Cuántas veces nos callamos por no querer dar la nota? ¿Cuántas veces dejamos las cosas estar por miedo al rechazo?

Quizás a algunos os cueste creerlo, pero la gente durante esa semana no tenía miedo. El buen humor impregnaba todo y había un ambiente festivo increíble que, no obstante, se combinaba con el más respetuoso silencio cuando la situación lo requería.

Como voluntaria estoy orgullosa de poder decir que, a pesar del cansancio acumulado por las horas de sueño perdidas, repetiría la experiencia una y mil veces.

Al final de la semana, tras la limpieza de las instalaciones, llevas contigo la satisfacción que da el trabajo bien hecho. Y ese sentimiento, sin duda alguna, te llena y te hace consciente de que has participado en algo grande.

Ahora que tengo oportunidad, animo a toda la gente que se perdió esta JMJ Madrid 2011 a participar en la siguiente. De verdad, es algo que merece la pena.

Sí, sí, sí: ¿nos vemos en Brasil?

(Argentina, Montenegro y Albania: los voluntarios no os olvidamos.)