La Octava de Pascua

La Octava de Pascua comprende los primeros ocho días del Tiempo Pascual, pues la Resurrección del Señor en un acontecimiento tan grande, que no es posible celebrarlo en un solo día, sino que ese júbilo es preciso prolongarlo durante ocho, que son considerados como uno sólo, con la categoría de Solemnidades del Señor.

El evangelio de estos días se centra en las lecturas de las apariciones del Resucitado, la experiencia que los apóstoles tuvieron de Cristo Resucitado. Por otra parte, la primera lectura tiene como base el relato de los Hechos de los Apóstoles.

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OÍR misa, SEGUIR la misa, PARTICIPAR en la misa

En el nacimiento del Movimiento Litúrgico se insistió mucho en la necesidad de que los fieles siguieran, sobre todo a través de pequeños misales para el pueblo, lo que el celebrante decía y hacía en el altar. Se insistía en que durante la misa los fieles no hicieran sus oraciones (era una práctica común durante los últimos siglos), sino que siguieran las oraciones del celebrante. Al referirse sobre todo a la misa dominical, los catecismos acostumbraban a decir que uno de los preceptos generales de la Iglesia era que los fieles tenían la obligación de oír misa todos los domingos y fiestas de guardar (precep­to que literalmente resultaba imposible porque el celebrante acostumbraba a celebrar la eucaristía en un altar lejano, casi siempre en voz baja). Era imposible por tanto oír la misa.

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