Dedicado a todas las madres

Mayo nos invita a rezar bajo la guía de María para que nos conduzca a estar cada vez más unidos a su hijo Jesús, a ella le llevamos nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, nuestras esperanzas y nuestras dificultades, pidiendo para todos nosotros, para España y para el mundo que nos done la salud. Si porque María nos da salud, es nuestra salud. Jesucristo con su Pasión, Muerte y Resurrección, nos trae la salvación, nos dona la gracia y la alegría de ser hijos de Dios, de llamarlo en verdad con el nombre de Padre. María es madre y una madre se preocupa por la salud de sus hijos, sabe cuidarla siempre con amor grande y tierno. La Virgen custodia nuestra salud. Por eso en este domingo que celebramos el día de la madre queremos obsequiarles estas palabras. Una mamá ayuda a los hijos a crecer bien, por ello los educa a no ceder a la pereza – que también se deriva de un cierto bienestar – a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales. En el evangelio de San Lucas dice que, en la familia de Nazaret, Jesús “iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él” (Lc 2,40). La Virgen hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad. Una mamá además piensa en la salud de sus hijos, educándoles también a afrontar las dificultades de la vida. No se educa, no se cuida la salud evitando los problemas, como si la vida fuera una autopista sin obstáculos. La mamá ayuda a los hijos a mirar con realismo los problemas de la vida y a no perderse en ellos, sino a afrontarlos con valentía, a no ser débiles, y saberlos superar, en un sano equilibrio que una madre “siente” entre las áreas e seguridad y las zonas de riesgo. Lleva al hijo no siempre sobre el camino seguro, porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso. Una madre sabe equilibrar estas cosas. Recordemos la parábola del Buen Samaritano que ve la situación y la afronta de una manera concreta. María ha vivido muchos momentos no fáciles en su vida y en la cruz nos la entrega en la figura de Juan como nuestra madre “Aquí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27) Una  buena mamá no sólo acompaña a los niños en los sufrimientos sino que los ayuda a tomar las decisiones definitivas con libertad. Esto no es fácil pero una madre sabe hacerlo. En este momento en que reina la filosofía de lo provisorio. Pero ¿qué significa libertad? Por cierto, no es hacer todo lo que uno quiere, dejarse dominar por las pasiones, pasar de una experiencia a otra sin discernimiento, seguir las modas del momento. La libertad se nos dona para sepamos optar por las cosas buenas en la vida. María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas con aquella libertad plena con la que respondió “sí” al plan de Dios para su vida (Lc 1,38).