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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

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El Evangelio de hoy nos invita a la coherencia

La situación de Jesús con los representantes del poder en Israel se agudiza. Llegando al punto de provocarlo de manera insultante. El evangelio de hoy recoge ese momento.

Y así le envían una embajada para hacerle una pregunta  trampa: «¿Es lícito pagar el tributo al César?» Hay que reconocer que la pregunta  se las trae. Le exigen que se defina ante una situación muy especial y complicada: el pueblo de Dios está ocupado por una potencia extranjera que lo oprime y vulnera sus libertades. La pregunta trampa no admite medias tintas o irse por las ramas.   La respuesta  o es un Sí, o un No. En realidad, en eso consistía la malicia de los fariseos. De decir Sí, era un co-laboracionista; de decir No, se situaba en rebeldía. Con cualquiera de las dos res-puestas había motivos suficientes para ir contra él. Pero la respuesta de Jesús es asombrosamente clara, tanto que ha pasado a la historia: «Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

Tal respuesta dejó a Jesús libre de tanto acoso:  «Al oír esto, quedaron maravillados, y, dejándole, se fueron». Jesús contesta con ecuanimidad, que no con neutralidad. Por eso la respuesta de Jesús se ha convertido en norma de actuación permanente a lo largo de los siglos.  Hoy tiene una especial actualidad y en esta España nuestra de manera especial, en la que tanto se nos está obligando a discernir y a elegir entre el César y nuestra conciencia cristiana. La respuesta de Jesús  nos da pautas de cómo hemos de situarnos ante la autoridad civil y la divina, en temas como el matrimonio, la familia, la interrupción del emba-razo, la libertad de enseñanza, la eutanasia, por no enumerar más. De todos es sa-bido que hoy hay corrientes de pensamiento e incluso estructuras políticas que obs-taculizan, o niegan, la presencia de Dios en nuestra vida, convirtiéndose ellas en dioses y, por tanto, en norma absoluta.


Ante eso, ¿qué ha de hacer un católico? Pues aplicar la respuesta de Jesús: dar, por supuesto, al César la moneda material; es decir, implicarse en la construcción de la sociedad y del mundo; pero sin que jamás Dios, ni en lo privado ni en lo público, deje de ser el motor de nuestra vida y, por tanto, deje de recibir nuestra entrega y fidelidad. Tener clara la manera de vivir su propia fe, en libertad, en cualquier ámbito de la vida.

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