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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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Todos los santos

PIDAMOS INTERCESIÓN PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA

En la festividad de Todos los Santos, recordamos a todas las personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, aunque solo algunos hayan sido canonizados y, por eso, son ejemplo de vida cristiana.

Este día es una oportunidad para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias, extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. Que debemos luchar todos para conseguirla, siendo conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.

Los Santos Difuntos son testimonio de vida, contemplan a Dios, lo alaban y cuidan de aquellos que han quedado en la tierra. Y ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los Santos para pedir su intercesión.

 

Al día siguiente de la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia recuerda a todos los hombres que han llegado al fin de su vida terrenal y pide por sus almas en el día de los Fieles Difuntos. Porque todos formamos un solo cuerpo: el Cuerpo de Cristo (Cf. 1Co 12,12-31), y resucitaremos un día de entre los muertos, del mismo modo que Cristo ha resucitado. La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que "no es un Dios de muertos sino de vivos" (Mc 12,27).

 

Porque a todos nos preocupa la muerte, sin embargo, para los cristianos no debe ser motivo de angustia y desesperación. El hombre conseguirá su fin último; volver a Dios, de quien procede. Sabemos que un día vamos a resucitar con Cristo, pero para esto es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2Co 5,8).

 

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo, ya que, por el Bautismo, el cristiano vivirá una vida nueva. En la muerte Dios llama al hombre hacia sí. El cristiano ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Esto no quiere decir que no se sienta tristeza y dolor ante la muerte propia o de un ser querido, pero, es diferente afrontar el dolor con la esperanza de que un día volveremos a reunirnos ante el Señor.

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