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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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La conversión de San Pablo

El apóstol fue llamado por Jesús de una forma muy especial

La conversión más famosa de la historia es sin duda la del judío Pablo de Tarso. Los pormenores del tal evento inmortalizado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo noveno, los conocemos gracias a San Lucas.

Los datos históricos no ofrecen duda, a inicios de los años treinta de nuestra era, en el camino de Jerusalén a Damasco, Saulo fue alcanzado por Cristo cambiando totalmente su vida. No fue solo una visión, sino una iluminación, una revelación, en definitiva, una vocación. Fue de tal profundidad este hecho que san Pablo siempre hablará de este él como el momento en el que el propio Pablo quedó constituido apóstol por voluntad de Dios. Su conversión no fue fruto de bonitos pensamientos, de reflexiones seductoras, o sentimentalismos superficiales, sino que fue única y exclusivamente fruto de una intervención divina, de una gracia divina imprevisible.

 

Tanto es así que desde ese momento, todo lo que Pablo consideraba un valor o lo más importante en su vida se convirtió, paradójicamente, según sus propias palabras, en pérdida y basura. Y desde este momento todas sus energías, sin reservas, las puso al servicio del evangelio y al servicio exclusivo de Jesucristo. Y fue así cómo aquel judío de la tribu de Benjamín, nacido en Tarso de Cilicia se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la causa de Cristo y de su reino.
No faltaron dificultades en su camino de apostolado, pero Pablo las afrontó con valentía por amor a Cristo. Tuvo que soportar cárcel, trabajos, azotes, (tres veces azotado con varas) una vez apedreado, tres veces naufragó, peligro de muerte  en ciudades, en despoblados, peligros entre falsos hermanos, noches sin dormir, hambre y sed…

Para el apóstol de los gentiles, Cristo se convirtió en su razón de ser y en el motivo profundo de todo su trabajo apostólico. En sus cartas, después del nombre de Dios, que aparece más de quinientas veces, el nombre mencionado con más frecuencia es el de Cristo (380 veces).


Pablo dejó de vivir para sí mismo y otro fue el centro de su vida. La preocupación de su existencia fue esta: vivía para  Cristo y con Cristo. Hay frases en sus cartas que nos desvelan este sentimiento “Dios me libre de gloriarme sino es en la cruz de Cristo. Gracias una intervención directa de Cristo El apóstol descubrió la Iglesia, quien, al revelarse en el camino de Damasco, y al identificarse con la Iglesia «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» le dio a entender que perseguir a la Iglesia era perseguirle a Él. Su conversión se amplió a la Iglesia fundada por Cristo y presente en cada cristiano. Amor profundo a la iglesia esposa de Cristo en la nueva alianza sellada con su sangre.


Así Saulo de Tarso, un joven y fogoso judío, que observaba con preocupación cómo se expandía en Jerusalén el cristianismo, que él consideraba una secta peligrosa y a la  que había decidido combatir y no descansar hasta aniquilarlo por completo, fue elegido por Cristo para ser su apóstol. Con orgullo podrá decir años más tarde: he corrido hasta la meta, ahora me queda recibir el premio, la corona que no se marchita. He mantenido la fe.

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