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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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La vida consagrada en el corazón de nuestro barrio.

La próxima Jornada de la Vida Consagrada en la festividad de la Presentación de Jesús en el templo, nos da ocasión para agradecer con gozo y humildad el don que el Señor ha hecho y continúa haciendo a la Iglesia a través de nuestras Congregaciones Religiosas. Cuando el Beato Juan Pablo II instituía en 1997 esta Jornada invitaba a los religiosos y religiosas a celebrar juntos y solemnemente las maravillas que el Señor ha realizado en sus vidas.

También señalaba el Papa como objetivo de esta Jornada, hacer más viva en el pueblo de Dios la conciencia de la insustituible misión de la vida religiosa en la Iglesia y en el mundo: “La vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión” (VC, 3).

 

Una Jornada, pues, para la acción de gracias desde el reconocimiento que “todo es don y gracia”, y para el sincero examen de nuestra respuesta a “tanto bien recibido”
Conscientes de que el futuro de la vida consagrada no se juega en el número, sino en la radicalidad de nuestro seguimiento a Jesús, en el gozo y la generosidad con que nuestras vidas testimonian y anuncian a Jesucristo, sin embargo, es legítima y responsable la preocupación por la disminución de las vocaciones. A la vez, no podemos olvidar que cada vocación es, ante todo, una llamada del Señor, un don suyo, gratuito, al que responde en libertad aquel o aquella que se siente así convocado.

Una gracia que es preciso pedir con confianza al Señor de la mies, que nos urge a que se la pidamos. Pero un don que está condicionado también a los esfuerzos de la comunidad cristiana y por tanto, de cada una de nuestras Congregaciones por suscitarlo, descubrirlo, y acompañarlo.

Todos somos responsables de crear una cultura vocacional en nuestras comunidades y en nuestras instituciones apostólicas.

La celebración de esta Jornada propicia una reflexión orante, personal y comunitaria, sobre el testimonio de nuestras vidas que constituyen la imagen humana visible de la llamada, y sobre el compromiso con la misión a la que somos enviados, en el contexto eclesial de la Nueva Evangelización.

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