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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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Sacerdotes, Profetas y Reyes

“La salvación es un acto gratuito y amoroso de Dios hacia el cristiano”

El pasado martes 6 de marzo, a las siete y media de la tarde, tuvimos la segunda charla cuaresmal prevista, que nos dio el profesor de filosofía de la Universidad Complutense D. Carlos Díaz.

Al principio de la misma, el párroco D. Pedro nos contó algunas anécdotas sobre el profesor de las que ya no se acordaba.

El contenido de la charla era sobre la fe que tenemos partiendo de nuestra triple dimensión de bautizados y miembros del pueblo de Dios como sacerdotes, profetas y reyes.

La condición de sacerdote de todo cristiano, distinto del sacerdocio sacramental que tienen los sacerdotes, significa que somos un don sagrado. Somos consagrados con Cristo; y por tanto, el cristiano católico es sagrado, y algo sagrado merece un respeto y cuidado muy especial. Este don lo tomamos de Jesucristo, en quien somos hechos hijos por adopción y es fruto del amor que Dios nos tiene y no por mérito ninguno de nuestra parte. Precisamente, por ese don que somos todos los bautizados en Cristo, merecemos un cuidado, un aprecio y un respeto igual que el que Dios nos brinda. Aquí hizo muchas referencias al amor de los padres hacia los hijos e insistió también en la oración como encuentro con Dios porque si amamos a Dios sentiremos la necesidad de estar y quedar de vez en cuando con Él, como lo hacen los enamorados o personas queridas que sienten la necesidad de verse, y a ser posible con más frecuencia, para alimentar su amor. También necesitamos alimentar el amor que tenemos con Dios en la oración.

Como profetas que somos, cuestionó el testimonio que podemos estar dando hoy los cristianos católicos sobre nuestra fe. Aludiendo a la etimología de la palabra profeta, que es anunciar a favor de alguien, formuló la pregunta de qué hacemos hoy los católicos para denunciar tanto mal que nos rodea. Con esta falta de denuncia, no estamos respondiendo a la dimensión de profeta que nos corresponde vivir desde la fe del bautismo.

Como reyes, subrayó que nuestro reinado es la participación en la misión de Cristo y del amor del Padre. Formar parte del Reino de Dios, que es un reino de paz y justicia, tenemos que vivirlo como tal, buscando establecer esta paz y esta justicia a nuestro alrededor, porque la salvación que después esperamos de Dios empieza aquí, para luego prolongarse después de la muerte. Que, por cierto, el cristiano no tiene que temer a la muerte si en su vida tiene presente a Dios y vive con Él.

Vivir estas tres dimensiones del bautismo, sacerdote, profeta y rey, nos encamina a la salvación de Dios, que a pesar de nuestros pecados, creemos en Él y confiamos en su amor infinito y misericordioso. Esta es la fe que nos salva, no el temor a los pecados y llevar una vida escrupulosa y parecer el bueno de toda la vida. Y destacando que la salvación no se gana a base de cupones, pegando cupones en una ficha hasta completar las casillas y así ya merecer la salvación, no. La salvación es un acto gratuito y amoroso de Dios hacia el cristiano, y a la que también tenemos que responde con actos de gratitud, de amor a Dios y a los hombres, independientemente de los pecados que tengamos y de los cuales también tenemos que pedir perdón a Dios; y tenemos que evitar los extremos entre el no confesarse nunca y el confesarse con demasiada frecuencia por escrúpulos, para no dejar de creer en el amor misericordioso e infinito de Dios hacia el hombre.

Finalmente, se despidió hasta el martes próximo, que volverá para continuar con la segunda charla.

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