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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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Los Símbolos del Domingo de Resurrección

Celebramos el gran acontecimiento en la vida de los cristianos

Si en la Iglesia debiéramos elegir un día para la alegría, ese día sería el Domingo de Resurrección. ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! Pascua es la fiesta de la Vida: la muerte ha sido vencida y debemos comunicarlo con gozo a todo el mundo.

La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión: acercarla a todos los hombres. Y como este día estamos de fiesta, los ornamentos del sacerdote son blancos y se prolongará este color durante todo el Tiempo Pascual.

El pan y el vino son los elementos naturales que Jesús toma para que no sólo simbolicen, sino que se conviertan en su Cuerpo y su Sangre y lo hagan presente en el sacramento de la Eucaristía.

El pan ázimo de la pascua judía que celebraban con sus apóstoles hacía referencia a esa noche en Egipto, en que no había tiempo para que la levadura hiciera su proceso en la masa (Ex 12,8).

El vino es la nueva sangre del Cordero sin defecto que, puesta en la puerta de las casas, había evitado a los israelitas que sus hijos murieran al paso de Dios (Ex 12,5-7). Cristo, el Cordero de Dios (Jn 1,29), nos salva definitivamente de la muerte por su sangre derramada en la cruz.

El Evangelio de San Juan es el único que nos relata el lavatorio de los pies, gesto simbólico de Jesús en la Última Cena -inusual para un Maestro y propio de los esclavos- que se convierte en la síntesis de su mensaje a los apóstoles; ponerse al servicio de los demás por amor.

La luz se asocia al conocimiento, frente a la oscuridad de la ignorancia. Porque sin luz no podríamos vivir, la luz -desde siempre y sobre todo en las Escrituras- simboliza la vida, la salvación, que es Él mismo (Sal 27,1; Is 60, 19-20). La luz de Dios es una luz en el camino de los hombres (Sal 119, 105), y Jesús es la luz del mundo (Jn 8, 12; 9,5). Por ello, sus discípulos también deben serlo para los demás (Mt 5.14), convirtiéndose en reflejos de la luz de Cristo (2 Cor 4,6).

Entre todos los simbolismos derivados de la luz y del fuego, el cirio pascual es la expresión más fuerte, porque los reúne a ambos. Representa a Cristo resucitado, vencedor de las tinieblas y de la muerte. Se enciende con fuego nuevo, porque en Pascua todo se renueva: de él se encienden todas las demás luces.

En el Bautismo, el agua es el elemento central, el símbolo por excelencia; fuente de vida y medio de purificación.

El color blanco siempre fue identificado con la pureza, con lo inocente. Los cristianos, entonces, al ir vestidos de blanco a recibir el Bautismo, intentaron mostrar que la verdadera dignidad del hombre no consiste en trabajar para ningún poder político sino en servir a Jesucristo, el Rey Celestial.

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